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Heroína de cuatro patas defendió a su familia del ataque de una yarará
Primero fueron los sapos. Luego aparecieron los alacranes y las arañas. Ahora surgió la primera yarará. La familia Reynoso-Lezama, del barrio Solís Pizarro, el 21 a la medianoche, sufrió el ataque de una yarará, que se encontraba agazapada debajo de una mesa en el garaje. Mara, uno de los perros de la familia, siguió su instinto de defensa y, con el convencimiento de proteger a su manada, se interpuso entre la serpiente y Joaquín (10) y Valentino (4), sus humanos, que se habían aproximado para ver de cerca al ofidio.
Mara, una perra mestiza cruza con rotweiller, desoyó las órdenes de Javier Lezama (38), el padre de los niños, y pese a haber recibido cinco venenosas mordeduras, logró matar a la yarará. "Mis hijos vinieron corriendo a buscarme a la casa de mi mamá (viven en frente) y me contaron que una víbora la había mordido a la Mara. Cuando me crucé, mi marido había encerrado a la perra y había puesto a la víbora -toda masticada- en una bolsa", relató Noelia Reynoso (33).
Por efectos del veneno a Mara se le empezó a hinchar la cara. Sus dueños salieron en la camioneta llevando a la víbora muerta dentro de una botella de plástico. Por lo avanzado de la hora se les dificultaba conseguir atención veterinaria.
Finalmente los recibió el médico veterinario Rodrigo Córdoba. A Mara se le iban obstruyendo las fosas nasales por acción del veneno. Al ver al ofidio, Córdoba les confirmó que se trataba de una yarará. Le colocó tres inyecciones pero les pidió que compraran suero antiofídico para suministrarle a Mara y garantizar su recuperación.
Noelia y Javier peregrinaron por las farmacias en búsqueda de la solución medicamentosa. Como ninguna tenía disponibilidad. Los enviaron al Hospital Público Materno Infantil. En esta institución se los negaron cuando supieron que la destinataria era una perra.
"En ese momento sentí el alma en los pies porque mi perra para mí es como si fuera una hija, una criatura, pero ahora, que no estoy enceguecida por el momento, entiendo que es más importante la vida de una persona que de un animal. Yo temía que Mara se me muriera en el auto", recordó Noelia.
Finalmente, en una farmacia ubicada sobre la avenida Belgrano, entre Mitre y Balcarce, consiguieron el suero antiofídico polivalente para mordedura de Bothrops alternatus, Bothrops neuwiedii y Crotalus durissus, más conocidas como yarará de la cruz, yarará chica y cascabel, respectivamente.
A Mara la recuperación le demandó tres días, pero Noelia se pregunta qué hubiera ocurrido si en vez de su perra, un animal de gran porte y 55 kilos, hubiera mordido a uno de sus tres hijos.
Riesgos
Una de las causas de la aparición de las víboras son las altas temperaturas y las precipitaciones profusas. Sin embargo, está al alcance de los vecinos eliminar los criaderos de cucarachas y roedores, principal alimento de los ofidios.
Noelia dice estar consciente de que vive al margen del río Arias. Sin embargo, no justifica el accionar de sus vecinos que arrojan indolentemente residuos en el lugar. "Hace cuatro años que vengo pidiendo a la Municipalidad que, aunque sea, ponga un cartel con la leyenda "Prohibido arrojar basura'', pero nunca obtuve una respuesta", afirma Noelia.
"Tenemos el eterno problema con los vecinos, que tiran bolsas y bolsas de basura que yo quemo. Me bajo con botas y guantes y limpio. Lo de menos sería la basura, lo peor son las alimañas", detalla Noelia.
También le preocupan las botellas, cubiertas y otras piezas de autos que, con las lluvias, se convierten en reservorio de mosquitos. "Siento que ya no puedo vivir así, aunque yo no tengo ratas ni cucarachas porque mis dos gatas las matan, todos los bichos entran desde el basural que generan mis vecinos", concluye.

El 97% de las picaduras
Las yararás, según información del Ministerio de Salud de la Nación, provocan el 97 por ciento de los accidentes por picadura de ofidios en el país.
El dato es alarmante y la prevención se vuelve clave para que estos animales no proliferen cerca de donde viven los humanos.
Evitar la acumulación de basura y no dejar que las malezas crezcan en los baldíos son dos prevenciones fundamentales.

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Sección Editorial

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