Gonzalo Higuaín, señalado por la inmejorable ocasión de gol perdida mano a mano ante Claudio Bravo en el primer tiempo del partido, sufrió en carne propia la derrota por penales y quedó un buen rato entre lágrimas en el vestuario, sin asimilar la tercera desazón consecutiva. Lejos de recuperarse anímicamente, el ex-River prefirió permanecer unas horas más en el búnker de la Selección en la ciudad que albergó el choque decisivo y se negó a regresar al país en el mismo avión que el plantel. Compungido, Higuaín eligió atravesar el mal momento a su manera y en absoluta soledad. Recién el lunes por la tarde abandonó el alojamiento de la Albiceleste en un remise, previo saludo a Sergio Romero -otro que siguió en Estados Unidos con su mujer y sus hijos- y algunos colaboradores de la delegación. El futuro del Pipita también es una verdadera incógnita, debido a que trascendió que se replantea seriamente vestir los colores argentinos en los próximos partidos. Por ahora, su destino será Ohio por unos días, donde visitará a su hermano Federico, que se desempeña en la liga de EEUU.
Higuaín recibió un vendaval de críticas; una de ellas de un goleador histórico como Mario Kempes, quien dijo: "Cuando juega para la Argentina me dan ganas de agarrarlo del cuello".


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