Hillary Clinton y Donald Trump se dispararon crudos ataques el viernes en un frenético recorrido simultáneo por estados clave para convencer a indecisos y empujar a votantes a las urnas, en el epílogo de su agria campaña por la Casa Blanca.
A cuatro días de las elecciones en Estados Unidos, los dos candidatos desfilaron por estados decisivos en medio de una cacofonía de sondeos, en ocasiones contradictorios, y en definitiva estrechos (2,3 puntos de ventaja para Clinton, según el promedio de sondeos de Real Clear Politics).
"Si mi oponente gana, tendríamos un presidente que solo estará ahí para sí mismo", dijo Clinton en Michigan, corazón de la industria automotriz, deplorando la visión "oscura, divisiva y llena de odio" de Trump sobre Estados Unidos. "La opción no puede ser más clara", había dicho antes Clinton ante unos 2.500 seguidores en Pittsburgh, Pensilvania.
Por su parte, Trump no se contuvo: "Si ella llegara a la Oficina Oval, Hillary y sus grupos de interés especial nos robarían el país", dijo en Hershey, Pensilvania.
Clinton y Trump luchan codo a codo en Ohio y Pensilvania, que junto a Michigan, el antiguo centro industrial de Estados Unidos, son clave en esta elección marcada por el iracundo desencanto de las clases trabajadoras.
El suspenso en los sondeos abarca una docena de estados clave, donde los dos bandos concentran esfuerzos. Clinton domina los sondeos recientes en la mayoría de ellos, pero algunos provocan escalofríos entre los demócratas.
"Es un poco angustioso, es difícil saber qué va a pasar", dijo a la prensa Ryan McMasters, 29, un compositor junto a su esposa Kathleen Andrews, de 31 y embarazada, en el mitin de Clinton en Pittsburgh.
Unos 35 millones de estadounidenses ya votaron -algunos estados permiten el sufragio anticipado-, y los análisis apuntan a una ventaja inicial para el lado demócrata.
Pero la campaña de Trump desecha esas proyecciones. "Los republicanos salen a votar en masa" el martes, dijo Dave Bossie, alto asesor del magnate.

Cruce de acusaciones

Donald Trump, el magnate sin experiencia política, también desfiló por tres estados disputados: New Hampshire, Ohio y Pensilvania. Saboreando su repunte en las encuestas y prediciendo una sorpresa en las urnas, Trump explota el relanzamiento de la investigación del FBI sobre el servidor de correo electrónico de la antigua jefa de la diplomacia, hace una semana, para poner en duda la capacidad de su rival de ocupar la presidencia. En paralelo se esfuerza desde el inicio de esta semana en limpiar su imagen, evitando declaraciones explosivas.
"¿Cómo puede Hillary manejar este país cuando ni siquiera puede manejar sus correos?", se preguntó Trump en New Hampshire.
"Hillary se involucró con una vasta empresa criminal", dijo.
"Cuando ganemos el 8 de noviembre, vamos a ir a Washington y vamos a drenar el pantano", prometió, repitiendo una frase devenida en el eslogan del fin de su campaña.
En el avión de Clinton, su director de campaña, John Podesta, le replicó: Trump "debería comenzar por drenar su propio pantano", señalando la condena penal infligida el viernes contra dos cercanos de uno de sus aliados más fieles, Chris Christie.
La clave para Clinton consiste en potenciar la participación de los electores que conforman su base de apoyo: negros, latinos y jóvenes. "Necesito que voten, no elijan el miedo, elijan el voto", suplicó el presidente Barack Obama a una multitud mayoritariamente negra en Carolina del Norte.
Para desbloquear ese electorado, Clinton, reconocida por su temple serio frente a un rival salido de los programas de telerrealidad, se rodea de celebridades.
Después de Pharrell Williams el jueves, estuvo el viernes en compañía de la nobleza del pop, el rapero Jay Z y su esposa la "reina" Beyoncé, durante un concierto gratuito en Cleveland, Ohio, antes de Katy Perry el sábado en Filadelfia.

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