Costó recordar que el debate entre Hillary Clinton y Donald Trump enfrentaba a los dos candidatos presidenciales de la mayor potencia el mundo. Agobiado por la certeza de que enfrentaba su última oportunidad, el empresario de colocó en el peor lugar para un aspirante a la jefatura de Estado: el rol de challenger.

La difusión por parte del Washinton Post de un video que lo muestra utilizando un lenguaje machista, procaz y discriminatorio hacia las mujeres, incluso con algún destello de infantilismo, dejó a Trump absolutamente solo, cuestionado por su esposa y su compañero de fórmula y abandonado por el grueso de la dirigencia republicana.

Desde antes del debate intentó contraatacar presentando a tres mujeres que acusaron a Bill Clinton de supuestos acosos ocurridos en otros tiempos. También, una cuarta que fue víctima de una violación por parte de un hombre que fue defendido por Hillary.

Luego, ya en el escenario, Trump insistió con sus ataques al ex presidente, como si ignorara que Hillary y no su esposo es la candidata.

Sonó a maniobra distractiva.

El video parece lapidario para Trump. Luego, cuando las preguntas del público forzaron el cambio de temas, Hillary se mantuvo muy firme en la discusión acerca de la política internacional, el sistema de salud, las perspectivas tributarias y el terrorismo islámico. Incluso, logró inhibir los embates de su adversario acerca de puntos oscuros o dudosos de su trayectoria, como la eliminación de 30 mil correos electrónicos de contenido privado intercambiados a través de una cuenta pública o el financiamiento de su campaña.

Los nervios jugaron en contra del candidato republicano, que en su discurso antipolítico parece ignorar esa pertenencia. Olvidó por un momento el rol de George Bush en la guerra de Irak y especialmente en la terrible crisis inmobiliaria causada por las hipotecas sub prime y que culminó en la quiebra de Lehman Brothers. Ambos fenómenos están en las raíces de la crisis que ha vuelto escépticos a los norteamericanos.

¿Quién ganó el segundo debate?


Si se lo considera como un debate entre estadistas, puede decirse que el de anoche en la Washington University de St. Louis, en Missouri, fue de una precariedad notoria. Si se analizan las imágenes proyectadas por uno y otro, es evidente que Trump se mostró con un conocimiento demasiado rudimentario acerca de las cuestiones de Estado y de la política internacional. En ningún momento logró desdibujar su aparente cercanía con el líder ruso Vladimir Putín y su identificación (o confusión) de islamismo con terrorismo.

De todas maneras, el veredicto sobre el debate lo ofrecerá la ciudadanía, seguramente en las próximas horas, a través de las encuestas. Lo que interesa saber es si en Estados Unidos –como en Austria, Francia, España, Gran Bretaña, en varios países latinoamericanos, especialmente- la antipolítica encarnada por líderes incluso compulsivos y precarios se impone sobre los candidatos tradicionales de los avejentados partidos. Las últimas encuestas lo mostraban a cuatro puntos y medio de Hillary (47.5% a 42.9). La ex primera dama tendría asegurados 260 electores contra 165 de su adversario. Pero nada está dicho.

Trump se enancó al Partido Republicano, que no lo digiere pero no pudo excluirlo en las primarias. Estados Unidos atraviesa una crisis económica, signada por la recesión, la inestabilidad laboral y la sensación de fragilidad y caída que se esparce por toda la ciudadanía. El campo es fecundo para el discurso xenófobo, precario e informal de Trump. De todas maneras, su situación no es comparable con la de Ronald Reagan, a quien le salía bien el papel de cow boy, pero era un líder republicano genuino y ganó la Guerra Fría al obligar a la Unión Soviética en una carrera armamentista de alta tecnología que Moscú no estaba en condiciones de afrontar.

Hoy es muy frágil la paz mundial. No solo Isis se ha convertido en amenaza, sino también los posicionamientos de Putín, las presiones de China – cuya economía acosa a la de EE.UU.- y la crisis europea.

En ese contexto cuesta imaginar el liderazgo de alguien que justifica sus exabruptos contra las mujeres como "una charla de vestuario de hombres".

Quizá Hillary Clinton haya logrado emerger de esa controversia grotesca con una frase superadora: citó a Michelle Obama quien le aconsejó "evitar caer en el barro".

La gente dirá si lo logró.


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Sección Editorial

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Osvaldo castro
Osvaldo castro · Hace 1 mes

No se sabe que es lo que puede pasar hasta el 8 de noviembre, puede ganar cualquiera. Yo ya me tengo que empezar a preparar por si gana hillary, tengo que empezar a comprar alimentos enlatados por la siguiente razon: En el debate trump dijo: quiere aliarse con putin y derrotar al isis Hillary dijo: hay que bombardear a alsad y que los rebeldes tomen el control (rebeldes=mercenarios de EEUU) Los rusos jamas se van a ir de turquia, ya que si se van los paises del golfo van a hacer pasar ductos de gas por siria para abastecer a europa y esta ya no va a depender de rusia. Putin lanzo unultimatun a EEUU: ENTIENDAN QUE EN NUEVO ORDEN MUNDIAL YA NO ES UNIPOLAR O VAYAN A LA GUERRA NUCLEAR CON NOSOTROS. Un detalle: EEUU y rusia llegan juntas al 96% de todas las armas nucleares del mundo. Si gana hilary voy a empezar a invertir en alimentos enlatados

clon clon
clon clon · Hace 1 mes

HAY QUE FUNDIRLO A ESTE ZANAHORIA TRUMP


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