Dilma Rousseff enfrentó ayer el veredicto del Senado sobre su destitución, al final de un juicio político que, según los últimos cálculos, despedirá a la izquierda del poder en Brasil.
Combativa y por momentos sonriente, quedará para la historia la imagen de la presidenta defendiéndose en una sesión maratónica y continua, que empezó el lunes.
"No acepten un golpe que en vez de solucionar agravará la crisis brasileña", pidió Rousseff al pleno de 81 senadores, convertidos en una especie de "gran jurado".
La votación final ocurrió tras nueve meses traumáticos luego de que se lanzara este proceso de "impeachment". Ayer los senadores iniciaron sus deliberaciones para dar paso posteriormente a la decisión final.
Si todo sale tal como pronosticaron los sondeos, Dilma será destituida y Temer será oficialmente el presidente de Brasil hasta 2018, cuando se celebren nuevas elecciones. Para ello se requiere que 54 senadores condenen a Rousseff.
Un final trágico para esta exguerrillera de 68 años, curtida de batallas, que gobierna Brasil desde 2010 y que heredó un país en pleno boom económico, motor de crecimiento en la región.
En esos años dorados el país fue elegido para celebrar los Juegos Olímpicos de 2016 y la Copa Mundial de Fútbol (2014).
La caída de Dilma (con solo un 13% de apoyo) también salpica a toda la clase política y a la elite brasileña, tanto de izquierda como de derecha.
Y en este juicio político volvieron a emerger interrogantes sobre la legitimidad que puede tener este Senado para emitir un veredicto, cuando tiene a más de la mitad de sus miembros involucrados o investigados por casos de corrupción.
"Buena parte del tribunal se beneficia con el resultado de este juicio", recordó el senador del PT, Jorge Viana.
La presidenta acudió al hemiciclo acompañada del expresidente Lula, quien también se encuentra inculpado e investigado por varios casos de corrupción y obstrucción de la justicia.

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial

Comentá esta noticia



Se está leyendo ahora