Con el tarifazo que frenó transitoriamente la Justicia, muchos hogares argentinos han pagado desde abril último el gas más caro del planeta. Revisemos: el gas que se importa desde Bolivia cuesta 3,50 dólares el millón de BTU, puesto en Campo Durán (Salta).
A su vez, Enarsa paga 6,50 dólares por el gas natural licuado (GNL) que llega en buques metaneros, mientras que los despachos desde Chile, a través de los gasoductos Norandino (Salta) y GasAndes (Mendoza), cotizan en 7 dólares.
Hasta el pasado 31 de marzo, a familias salteñas de la categoría de usuarios residenciales más alta (la R4-3) cada metro cúbico le costaba 1,81 pesos, sin impuestos. Con las nuevas tarifas aplicadas desde abril, esos mismos hogares empezaron a pagar 4,65 pesos el metro cúbico.
La medida de comercialización internacional del gas natural, el millón de BTU, es una unidad térmica que equivale a unos 27 metros cúbicos.
Si un hogar salteño paga $4,65 por metro cúbico, tenemos que cada millón de BTU le cuesta $125,55. Esa suma en pesos, al cambio actual, representa 8,37 dólares. Esto es mucho más que lo que paga Enarsa por las compras internacionales.
Con los yacimientos hundidos, el futuro de la refinería de Campo Durán es sombrío.
De hecho, no existe hoy cotización alguna del gas en el mundo que se aproxime al exorbitante precio que usuarios argentinos pagan como consecuencia de más de una década de desaciertos que dejaron a la Argentina con sus yacimientos desplomados, sin autoabastecimiento hidrocarburífero y envuelta en una profunda crisis energética que obstaculiza su crecimiento.
Desde 2002, tras el drástico derrumbe de la convertibilidad, las gestiones de Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner y Cristina Fernández mantuvieron congelado el precio del gas en los pozos argentinos a valores de entre 2,50 y 3 dólares, mientras se llegó a pagar hasta 11 dólares por el gas importado desde Bolivia y 17 dólares por el que se traía inicialmente en buques metaneros de Venezuela.
En ese dispar escenario, petroleras asociadas en áreas del norte salteño y el sur de Bolivia dejaron de lado las inversiones en los bloques de San Martín y las reorientaron hacia Tarija, donde el gas producido para los mercados de Argentina y Brasil les resultaba tres o cuatro veces más redituable.
Julio De Vido, ministro de Planificación Federal desde mayo de 2012 hasta diciembre de 2015, no movió ni hizo mover un dedo a sus colaboradores en la Secretaría de Energía para exigir inversiones en los yacimientos norteños, conminar a las petroleras a retomar los programas de inversión desplazados desde el norte de Salta hacia el sur de Bolivia y aplicar las sanciones correspondientes.
El precio del gas se ajustó en pozos salteños a 5 dólares, en línea con las nuevas tarifas.
Lejos de ello, todas las decisiones estatales se orientaron a una senda importadora que, inclinada o no a negociados, hundió los yacimientos gasíferos de San Martín.
Sin exploración ni hallazgos genuinos, la producción gasífera de Ramos, Acambuco y Aguarague, de 21 millones de metros cúbicos en 2006 a apenas 7 millones en la actualidad. En diez años, los yacimientos de San Martín perdieron reservas por más de 20.000 millones de dólares y Salta, que era hasta 2008 la segunda productora nacional, cayó al quinto puesto.
Hoy, como uno de los resultados finales de semejante desquicio, hogares argentinos tienen una soga al cuello con el gas más caro del mundo.

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Sección Editorial

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Walter LUNA
Walter LUNA · Hace 4 meses

Excelente e instructiva nota. Además, recodatoria de porque nos pasan todas estas cosas y de "la década ganada"


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