En el solsticio de diciembre, las culturas romana y celta festejaban el regreso del Sol. A partir de esa fecha, los días comenzaban a alargarse y esto se atribuía al triunfo del Astro Rey sobre las tinieblas. Tamaño acontecimiento se conmemoraba con la quema de fogatas. Posteriormente la Iglesia católica, en su avance evangelizador, decidió situar en esa fecha, el 25 de diciembre, la Natividad de Jesucristo, a la que otorgó el mismo carácter simbólico de renacer de la esperanza y de que el Dios hecho hombre es la luz del mundo que vino a redimir a la humanidad.
Aunque actualmente no coincide la fecha de la celebración religiosa con el solsticio de verano (de invierno en el hemisferio Norte) debido a los varios ajustes realizados en el calendario, muchos creen que es un día propicio para la luz, para llenar de energía positiva y curativa nuestros cuerpos, mentes y hogares.
También, ya en un terreno irreligioso -o, tal vez, interreligioso- son muchos quienes alrededor del mundo realizan decretos durante esa jornada para pedir al universo la realización de sus proyectos de abundancia y prosperidad.
Incluso también se acostumbra reunirse a cenar con amigos y familiares que compartan esta creencia.
Por último los grupos de oración y meditación se encuentran para aliar sus intenciones en la búsqueda de una potente energía que promueva la paz y la armonía del planeta.
La experiencia abarca siete días: tres jornadas antes del 24 y tres después del 24.
El 7 es el número del aura y el aura es el cuerpo energético que va por fuera, el huevo de energía de luz que rodea a cada ser humano. También representa la conexión con la luz. Como el 21 de diciembre, la entrada del solsticio de verano, es el momento en que el Sol está más alejado de la Tierra, esta carece un poco de luz y cabe a la humanidad traer o despertar esa luz interior para reconectarse con la fuerza lumínica suprema que es el creador.
Hay dos consejos preliminares e infalibles para estos rituales: hacerlos con fe y rodeados de gente que realmente quiera acompañarnos, porque la vibración del grupo contenida es la que va a hacer que los deseos se cumplan. Si uno se reúne con personas que no creen o no están de acuerdo, van a crear disonancias y los deseos simplemente se van a dormir en el papel.
El trabajo material y espiritual se comienza mucho antes. En China, donde se acostumbra seguir para estos ritos los preceptos del feng shui, se utilizan las fechas propicias para detectar los momentos clave para activar o trabajar estas fuerzas, es decir, del 15 al 19 de diciembre, días que se emplean para hacer una limpieza general de la casa y desechar lo que no sirve o regalar lo que ya no se usará más.
La celebración en Salta
Según el sitio de Facebook de la escuela de metafísica Estrella Sirio Salta (Santiago del Estero 1132), el 21 de diciembre se celebra la llegada de una esfera de luz en los cielos, anunciando un hecho divino en la Tierra. Esa energía desciende cada año hace 2.000 años, en cada solsticio y coincide con el ingreso de la fuerza de Capricornio.
Ese día, temprano en la mañana, hay que abrir todas las puertas y las ventanas de la casa para darle la bienvenida al Espíritu de la Navidad diciendo: "Bienvenido seas a mi casa y mi corazón, Espíritu de la Navidad. Gracias por tu presencia". Luego se debe encender incienso y prender una llama. A continuación agradecer por escrito todos los dones y bendiciones recibidos en 2015. Quemar ese papel y ya se está listo para comenzar a pedir para el nuevo año que está pronto a iniciarse.
Al redactar una carta al Espíritu de la Navidad, se debe poner fecha, lugar y hora.
Y luego escribir la siguiente misiva:

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