En épocas navideñas, muchos salteños asistirán a ver magníficas obras sobre el nacimiento de Jesús como Ciudad de Navidad o la Nochebuena en la Quebrada. Además cada familia habrá armado con esmero su representación de aquella noche que a tantos inspiró poemas de alabanzas y amor.
Sin embargo, no todos saben, por ejemplo, que la escena que encarna el nacimiento de Cristo se fue completando con el paso del tiempo. A principios del siglo IV se representaba a Cristo en un pesebre, donde se disponía una vaca y un asno. A fines del siglo IV se agregó una estrella. La Virgen María, recién a partir del año 431, con el Concilio de Efeso, apareció en el centro de la imagen.
Además fue San Francisco de Asís quien popularizó la costumbre de armar un pesebre. En su viaje a Belén, en 1223, él quedó asombrado por la manera en que se celebraba allí la Navidad. Entonces, cuando regresó a Italia, le pidió autorización al papa Honorio III para representar el nacimiento de Jesús con un pesebre viviente. A partir de ese momento, la tradición se extendió por Europa y luego por el resto del mundo. Entre tantos estímulos comerciales que van ganando terreno al sentido profundo de la Navidad, el padre Dante Bernacki, de la parroquia Nuestra Señora del Tránsito, invitó a recuperar el valor y el propósito de los personajes que aparecen en torno de Cristo: José, María, los pastores, los ángeles, la Estrella de Belén y los Magos de Oriente, en sus primeras horas como Dios-Hombre.
De acuerdo con Bernacki, José es el elegido por Dios para ser custodio del Niño Jesús y de la Virgen María, la madre que quiere darle todo su amor al Niño. "En silencio adoran a su propio Creador. Él, que hizo los cielos y la tierra, está en el pesebre en pobreza total. Ella quisiera que hubiese nacido en un lugar más digno, pero lo hizo en el lugar de los animales. Así son las cosas de Dios. Tan simples y tan humildes que nos cuesta comprenderlas", señaló Bernacki. Continuó diciendo que los Magos de Oriente son quienes siguiendo la Estrella llegan a Belén a adorar al Niño. De sus alforjas sacan y ofrecen tres dones: oro, porque es el rey esperado de Israel; incienso porque también es el Hijo de Dios encarnado; y mirra -que se utilizaba para embalsamar a los muertos-, porque el Niño es hombre y, como tal, mortal. "Estos magos son orientales y paganos, signo de que la misericordia divina ofrece la salvación no solo a un pueblo o una raza, sino a toda la humanidad", detalló el sacerdote. Luego los pastores de Belén, según Bernacki, nos enseñan a ir hacia el Niño Dios con corazones sencillos y humildes. "Acostumbrados a verlos en los pesebres, los pastores nos llenan de ternura, pero nos hacen olvidar que aquellos de la primera Navidad fueron los más pobres entre los pobres. Sin vivienda y pasando su vida a la intemperie. Sin referencia a la tierra, viajan de un lado a otro, buscando agua y pastos para el ganado. Eran los marginados de aquel tiempo, los despreciados, los no tenidos en cuenta, y son ellos, precisamente, quienes reciben el mensaje de glorificación", definió. Por último, los ángeles del pesebre dijo que nos hablan de la alegría del cielo por el nacimiento del Niño Dios.

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