El temporal de la noche del domingo se desplegó de extremo a extremo de la ciudad, abarcando zonas sensibles en las que hubo pérdidas materiales significativas, cortes prolongados de luz y calles anegadas. Colchones inutilizados, muebles deteriorados, ropa arrastrada por el agua, electrodomésticos quemados, pozos ciegos desbordados fueron algunos de los saldos que dejó la tormenta acompañada por un viento que por momentos estuvo por encima de los 70 kilómetros por hora.
No hubo evacuados, según se informó desde la Municipalidad de Salta, aunque desde los Centros Integradores Comunitarios (CIC) y algunos SUM (salón de usos múltiples) afirmaron que distintas personas se acercaron para albergarse con niños durante las primeras horas de la madrugada. La Policía, en tanto, informó que asistió a 21 personas afectadas por la tormenta. Registraron 10 evacuados, pero en horas volvieron a sus casas.
En Salta viviendas seriamente dañadas, voladura de chapas, árboles caídos y postes que cedieron.
En la siempre castigada zona sudeste, este medio pudo constatar que varias calles se volvieron arrecifes y que aún pasadas varias horas desde que amainó el aguacero todavía seguían anegadas por los insondables pozos que se formaron. Los sistemas de drenaje próximos, los imbornales y los desages pluviales volvieron a mostrar su insuficiencia, pese a que a fines de 2015, las autoridades municipales que recién asumían habían advertido que trabajarían para que no volvieran a ocurrir este tipo de cuestiones.
En barriadas como Sanidad III, Siglo XXI y Gauchito Gil hubo muchas calles donde se tuvo que suspender el tránsito, y por la falta de cordones cuneta los umbrales de algunas viviendas quedaron taponados. Los propios vecinos, pala en mano, fueron los encargados de descomprimir la situación. En Gauchito Gil, donde a principios de diciembre se iniciaron obras de infraestructura básica con fondos nacionales, los trabajadores de la empresa contratista se solidarizaron con los vecinos y se pusieron a disposición para desagotar los senderos.
"Cuando llueve no podemos seguir trabajando, pero vinimos para agilizar el drenaje de agua para retomar pronto y también para darles una mano a los vecinos", dijo uno de los operarios que aseguró que sus afanes de colaboración no vinieron por una orden de su línea de mando ni de ningún área municipal.
Algunos vecinos contaron que los colectivos los dejan a mucha distancia de sus residencias y que en días de lluvia no pueden entrar o salir del barrio a causa del estado que adquieren los calles.
Un dato claro que arrojó el aguacero ventoso del domingo, que si bien fue intenso no se prolongó por más de cuatro horas, fue la cantidad de árboles, ramas, gajos y postes que se cayeron.
Más de una veintena de ramas de gran porte fueron vencidas por la intensidad de los vientos y absorbidas por la fuerza de gravedad. No hubo lesionados pero, lógicamente, se registraron pérdidas materiales menores.
Hubo una decena de postes caídos, la colmatación de pozos ciegos que generó la expulsión de líquidos cloacales, algunas voladuras de chapas y más de 25 árboles volteados, según se informó desde la Subsecretaría de Prevención y Emergencias.
Según reportes oficiales, entre las 23.30 del domingo y las 5 de ayer, se sumaron 53 milímetros de agua caída.
La zona que tuvo las lluvias más prolongadas y los ventarrones más violentos fue la sur, en cercanías del aeropuerto, en los barrios Santa Ana, Policial, Limache y en todo el perímetro de San Luis, así lo confirmó a este medio Nicolás Kripper, subsecretario de la repartición.
"La zona sur fue la más afectada, en algunos lugares se mantuvo el alerta desde las 23 horas (del domingo) hasta las 6 de la mañana (de ayer), y en total cayeron 53 milímetros de agua que se combinaron con ráfagas de viento de más de 70 kilómetros por hora", expresó el funcionario.
Alejandra Martínez y Alejandro Agero apenas pasan los 40 años, son pareja y viven desde hace siete años en Gauchito Gil.
Desde el domingo no pueden usar el baño porque desbordó, el tufillo nauseabundo se completa con el zumbido de las moscas. "Les pedimos que vengan a desagotar los pozos ciegos pero nos dicen que tenemos que anotarnos o pagar, como ya estamos en la urgencia pagamos los 250 pesos que nos pide el camión municipal. Pero no podemos estarlos pagando todos los días, y llueve como anoche un par de días seguidos y se nos rebalsa el pozo ciego", dice Alejandra.
Su compañero, Alejandro, complementa afirmando que los tres hijos que comparten no pueden dormir porque el baño está justo al lado de la pieza que cohabitan. Tiene una discapacidad en una de sus manos y por eso asegura que nadie lo quiere contratar en blanco, se las rebusca como changarín en el sector de la construcción. "Este año se paró un poco el trabajo, yo hacia cosas chiquitas en casas de gente trabajadora, esos dejaron de hacer obras y me está costando traer el pan a la casa", contó.
Si pasan muchos días y no aparece el camión municipal, le pagan a alguno privado de los que se encuentran en obras de infraestructura básica. "Nos cobran más caro, unos 400 pesos", indicó el hombre.

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