Hugo Pardo Kuklinski es doctor en Comunicación Audiovisual de la Universidad de Barcelona. Es argentino y vive hace 15 años en esa ciudad española. Es director de Outliers School, una consultora en temas de educación y comunicación digital. Ha estado en Salta para realizar el proyecto Circópolis Escuelas Rurales Argentinas en la escuela de San Pedro de Yacochuya durante el mes de abril. Además, el 19, 20 y 21 de mayo coordinó en la Ucasal el Digithon 2016, el primer hackathon universitario de comunicación digital en Salta.
¿Cómo nació la idea de Circópolis?
Desde Outliers School trabajamos en educación hace mucho tiempo. Somos unos convencidos de que la experiencia pedagógica no se da en un aula, sino en un ecosistema, en una comunidad y que el más inteligente no es el profe sino lo que sucede en el aula. Queríamos siempre trabajar en una escuela rural en la Argentina porque consideramos que estas instituciones, cuando han superado el tema de la infraestructura, como en este caso, son ecosistemas ideales para entrar y fortalecer los aspectos en los que quizás estén más débiles como innovación pedagógica con uso de TIC (tecnología de la información y la comunicación). Son lugares donde los chicos y chicas se divierten, hay mucho sentido de pertenencia a la comunidad y no hay bullying. Los profes no dan contenidos sino que son mentores.
Yo soy un resultado de la educación pública argentina y estoy orgulloso de lo que ofrece. Me formé en escuelas públicas desde los 6 años hasta los 25, en que me recibí de la Universidad de Buenos Aires. Lo menos que puedo hacer es devolver algo de lo que me dieron. La escuela pública me dio una conciencia de mundo y también cierto amor al estudio que luego fortalecí en mi vida profesional en Estados Unidos y en España. Probablemente lo que más me dio es intentar ser un ciudadano de bien.
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Foto: Javier Corbalán
Foto: Javier Corbalán
¿Cómo le parece que debería adaptarse la escuela a lo que se viene?
Me parece que la escuela debería ser más esto que vemos en Yacochuya. Más comunidad, menos contenidos y más experiencias. Yo digo que los profes tienen que ser diseñadores de experiencias. En el mundo digital en el que vivimos es irrelevante memorizar los ríos de la Argentina o en qué año nació Sarmiento. Son datos triviales que están en la Wikipedia. Los chicos tienen que saber comportarse como comunidad, saber ser compañeros, enseñarse mutuamente y ser buenos ciudadanos en el futuro. Los profes deben fomentar que sucedan todas estas cosas. Para mí en el siglo XXI un docente tiene que ser menos un divulgador de contenidos y más un mentor de experiencias.
La escuela creo que tiene que ser un espacio para que sucedan cosas, para que haya diseño de experiencias, para que los chicos formen una comunidad. Esa es la educación del siglo XXI. En Circópolis trabajamos con pedagógicas que fomentan estas lógicas: pensamiento de diseño, clase invertida, Scratch -para enseñar a los chicos a programar código-, juegos matemáticos y mucha cultura audiovisual. Que sepan narrar historias, hacer storytelling y expresarse. En estas escuelas rurales quizás la debilidad más grande de los chicos es la capacidad de comunicarse. Me parece que es fundamental para vivir en esta sociedad-red la capacidad de comunicarse y mostrar al mundo lo que se está haciendo.
¿En qué consiste la clase invertida?
Es invertir la lógica de la clase. Antes se enseñaban los contenidos teóricos y en tu casa hacías los ejercicios prácticos. La clase invertida es al revés. Todo lo que requiera una experiencia uno a uno, una interacción fuerte entre tú y yo va al aula porque ese es el espacio natural de interacción. Todo lo que implique contenidos teóricos, que incluso son experiencias más individuales, va a la casa porque antes tú no tenías la red. No podías leer un libro, ver una conferencia TED ni hacer muchas cosas por internet. Pero ahora sí que puedes. Me parece que el aula es un concepto más de interacción, de trabajo en grupo y todo lo que es estudiar o concentrarse o hacer aprendizaje individual va al hogar.
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<div>Hugo Pardo Kuklinski y la directora María Petrona Rivero, junto a niñas de la escuela rural de San Pedro de Yacochuya. Javier Corbalán</div>
Hugo Pardo Kuklinski y la directora María Petrona Rivero, junto a niñas de la escuela rural de San Pedro de Yacochuya. Javier Corbalán
¿A qué se refiere con pensamiento de diseño?
El pensamiento de diseño es una metodología de trabajo con la idea de que todos seamos diseñadores. A un arquitecto o a un ingeniero no tienes que explicarle que piense de manera lógica y por pasos. Pero los que venimos de las Ciencias Sociales, por ejemplo, no tenemos ese pensamiento de diseño más formal o esquematizado. La idea es llevarlo a otros entornos. La metodología viene de Silicon Valley y nosotros con Outliers School trabajamos con pensamiento de diseño. Partís de desafíos y, a partir de una metodología que tiene fase de divergencia, generación de ideas, fase de convergencia, fase de prototipado, llegas a resolver esos desafíos. La idea es que sea de rápida ejecución, de bajo presupuesto, escalable e innovador para el entorno en el que estás trabajando.
¿Cuáles son los próximos pasos con Circópolis?
La idea es que Circópolis, que nació en Cafayate, se convierta en un proyecto más global. Vamos a hacerlo en Colombia en agosto. Pero la idea es seguir haciéndolo en la Argentina y en Salta. Estamos buscando una segunda fase que no sea ad honorem. Para que un proyecto así sea escalable, tiene que tener una dimensión económica porque la gente puede trabajar un mes así pero no toda la vida. Estos proyectos, hechos a partir de pensamiento de diseño, nacen pequeños y la idea es escalarlos. En el camino vas aprendiendo. Yo no soy docente de primaria, soy profesor universitario. Aprendo la lógica de los chicos, los tiempos de ejecución, la atención que tienen, que es mucho más acotada.

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