Desde septiembre de 2015 Hugo Sebastián Cabrera (25) vive en Padua, norte de Italia. Este joven brillante es licenciado en Relaciones Internacionales y está cursando un máster en Desarrollo territorial y sustentable en el marco del programa Erasmus Mundus. Este semestre lo asignaron a Italia, pero en febrero deberá partir hacia Bélgica y en septiembre armar las valijas y desembarcar en París (Francia). A estos destinos europeos llegó por aplicar para una beca, que es el corolario de años de un desarrollo intelectual y humano enfocado en múltiples intereses.
Por vía telefónica, Hugo le contó a El Tribuno que Padua queda a 11 mil kilómetros de Salta. Como no hay vuelos directos, debe hacer conexiones entre diversas compañías, así es como a las dos horas que demanda llegar a Buenos Aires, debe sumarle doce hasta arribar a Madrid, Roma o París y un par de horas más hasta el aeropuerto de Venecia, el más cercano a Padua, una ciudad ubicada a 38 kilómetros de la Reina del Adriático. De esta manera, incluyendo las esperas obligadas en los aeropuertos, unas 25 horas de viaje aéreo lo separan de su ciudad de origen. Padua (o Padova) es un poblado pequeño bañado por dos ríos, el Brenta y el Bacchiglione, que determinaron su desarrollo urbanístico.
"Es la típica ciudad medieval del norte de Italia, muy pintoresca a la vista y con muchos atractivos por descubrir", apuntó Hugo. En ella conviven iglesias, claustros y museos que son exponentes de estilos arquitectónicos diversos como el bizantino, el gótico y el romano. Pero, sin dudas, el complejo que más maravilla a Hugo es la Universidad de Padua, la segunda casa de altos estudios en fundarse en todo el mundo (1222) y que entre los siglos XV y XVIII brindó al humanismo un gran desarrollo en las disciplinas médicas y científicas, la astronomía, la filosofía y la cultural en general.
El propio Galileo Galilei ejerció en esta institución como profesor de geometría, mecánica y astronomía entre 1592 y 1610. También se formó allí Elena Lucrezia Cornaro Piscopia, la primera mujer en obtener, en 1678, un título en Filosofía.
"Estudiar en un ambiente internacional es una puerta a un aprendizaje constante", destacó Hugo. "Somos 27 personas haciendo el máster y venimos de 18 países distintos. Es todo un desafío trabajar en grupo con gente de lugares tan distintos como Indonesia, China, Kirguizistán o Uganda. Pero lo que se aprende es inmensurable", añadió. Hugo perfeccionó sus condiciones para relacionarse con diversas culturas a través del incesante aprendizaje de lenguas extranjeras y una experiencia de ocho años de voluntariado en la Organización Argentina de Jóvenes para las Naciones Unidas (Oajnu), una organización que se enfoca en proyectos relacionados con la igualdad de derechos, la educación popular y el desarrollo social y de la que forman parte un promedio de 300 voluntarios de entre 16 y 30 años de edad en todo el país.
Cambios
Acerca de las costumbres que le cambiaron durante su estar cotidiano en el Viejo Continente Hugo señaló: "Esto es distinto de cualquier viaje que haya hecho. Mis otras experiencias eran estancias cortas y era muy difícil separarse del rol de turista. Este programa implica introducirme en la vida diaria y universitaria de la ciudad. Ahora estoy viviendo como un italiano, aprendiendo a vivir solo en otro país, pensando en otra moneda, leyendo otros diarios, teniendo que cambiar del italiano al inglés, al español o al francés de un momento a otro. Lo que quiero decir es que se trata de una experiencia integral, no solo académica sino también personal. Estoy fuera de mi zona de confort y ahora mi hogar es un lugar diferente al que fue por 25 años".
Entre esas modificaciones tan sustanciales del entorno conocido hay espacio para la adquisición de placeres culinarios. "Es muy difícil destacar un plato porque me gusta todo. Pero no se puede vivir en la región del Véneto sin incorporar la costumbre del aperitivo, o como se dice acá, 'spritz'. En Italia se come muy bien. Definitivamente recomendaría un risotto al 'radicchio', que es una verdura que solo se encuentra por estos lados", describió.
Hugo también incorporó prácticas como el uso de la bicicleta, que en muchos países desarrollados fue adoptado como medio de transporte 100% sostenible por sus beneficios para la salud y el ahorro en dinero y tiempo de transporte que implica para los ciudadanos. "Casi todo el mundo usa bicicleta para moverse. Es un ejercicio espectacular. Puedo ver que además de descongestionar el tráfico es bueno para el medio ambiente. Creo que ya lo adopté para siempre", manifestó, entusiasmado.
Lazos comunes
Nuestro país tuvo una robusta corriente migratoria italiana lo que explica que Hugo encuentre a los habitantes de Padua y sus costumbres muy parecidos con nuestra población.
"Salvo por pasar la Navidad en invierno y tener clases en enero, me siento como en casa. Ellos se sorprenden de que nosotros allá comemos pizza, ravioles, canelones, pan de Navidad, spaghetti, etc. Eso sí, la carne nada que ver en calidad con la nuestra. Eso realmente extraño", se sinceró. Añadió que la recepción de los italianos hacia los argentinos es muy fraterna: "Ellos tienen una gran simpatía por nosotros. Saben que muchos emigraron en el pasado y que fueron bien recibidos y por eso compartimos muchas cosas. Al menos esa es mi percepción, hasta ahora tuve solo buenas experiencias".
Al momento de pensar un sitio turístico para recomendar a Hugo se le posó en el borde la lengua una ciudad famosa por sus góndolas, los canales, la buena gastronomía y el romance. "Creo que Venecia es una de las ciudades más hermosas y únicas del mundo. Para mí, que me queda a 15 minutos en tren, pasear un domingo soleado por las callecitas angostas y los puentes de Venecia es algo impagable. Único", expresó. Aunque donde más se sintió como en casa fue en Nápoles. "El caos, la comida, la idiosincrasia de la gente, todo allá es muy similar a la Argentina", definió. No podía carecer de sitio en este relato un personaje que desborda el corazón de muchos italianos. "Me pasó discutir con algunas personas del norte de Italia porque creían que Diego Maradona era italiano. Como jugó en Nápoles acá lo quieren un montón", contó Hugo.
Estar lejos
Las tareas prácticas del hogar como la cocina, el lavado y el planchado le resultaban bastante ajenas a Hugo en Salta, mientras que en Padua se le convirtieron en labores habituales. "Ahora si no cocino, no como. Si no lavo y no plancho, no tengo qué ponerme. Voy al supermercado, pago mis cuentas y limpio. Nadie lo hace por mí y esto es un aprendizaje tremendo", reflexionó. Sin embargo, estos son detalles comparados con ciertos perjuicios que impone la distancia. "Lo más doloroso fue haber perdido a dos personas muy importantes mientras estuve acá y también haber dejado allá a gente que quiero. Pasar las fiestas lejos. No ver crecer a mis sobrinos. No juntarme con mis amigos. Es un poco la nostalgia de lo que uno deja atrás, pero me vine por una oportunidad que me regaló la vida y gané con esfuerzo así que la voy a aprovechar al máximo", dijo.
El mensaje
Consultado acerca de si volverá a Salta en los próximos años, Hugo dijo: "Siempre está en mi mente. En dos años se acaba mi programa, pero todavía no decidí qué hacer. Estaré donde la vida y el universo me lleven. Espero que sea algo bueno". Además dejó un mensaje para su gente:
"Quiero mandar un gran abrazo a mi familia porque gracias al apoyo que me dieron hoy estoy disfrutando de esta experiencia. También a mis hermanos de la vida, mis grandes amigos. A todos los quiero mucho y los extraño".

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