"Sí, vivir aquí no es lo mejor, pero al menos es un techo para nosotros hasta que podamos salir adelante", dijo aEl TribunoNadia Bravo (embarazada) desde bajo una alcantarilla vial sobre el canal que corta la calle Alberdi, entre Corrientes y Zavala.
La joven mujer dijo que desde hace dos meses y medio habita ese lugar junto a su esposo, Marcos Fernández, y que llegó allí luego de una vida rayana en la violencia doméstica y de género.
"Yo vivía en Buenos Aires, junto a mis hijos mayores, tenía mi casa y mis cosas. Allí conocí a Marcos, mi esposo, a quien de a poco lo saqué de las drogas y el alcohol", contó.
Él se hizo cargo de los hijos de ella y luego tuvieron dos más; en total son cuatro, de 11, 6, 3 y 11 meses la más pequeña.
"Entonces comenzaron los problemas con mi padre, quien no aceptaba a Marcos y la violencia de mi papá hacia mí y contra Marcos eran habituales. No pudimos soportar más y nos vinimos a Tucumán, pensando encontrar un lugar en esa ciudad", añadió.
Allí la pareja se afincó en la casa del padre del muchacho, pero a los pocos días tuvieron "un gran problema con él, ya que en un momento dado intentó abusar sexualmente de mí y otras cosas que ya no quiero recordar, no nos quedaba otra que venir a Salta, donde pensábamos comenzar de nuevo", sostuvo Nadia.
En esta ciudad se establecieron en una casa prestada en el barrio Solís Pizarro. Luego de varios meses "los vecinos no nos querían allí y comenzaron las interminables denuncias en mi contra por el abandono de mis hijos. Así me quitaron la tenencia de los dos mayores, quienes fueron trasladados a la ciudad de Buenos Aires, supuestamente a casa de mis familiares".
Después "se llevaron a la chiquita de tres años y me quedé debajo de esta alcantarilla viviendo solamente con un bebé de once meses. Nuevamente las denuncias, que reconozco tienen su razón humanitaria, fueron el argumento para que nuestro bebé terminara en la Casa Cuna de avenida Belgrano y 25 de Mayo, en adopción. Qué más puedo hacer, lo he perdido todo, no conozco más que a mi marido aquí, así que tuve que poner un cartel para recibir ayuda", afirmó.
"Mi esposo es albañil, y tiene sus vicios, aunque de las drogas y el alcohol lo fui sacando de a poco, pero no somos los únicos inquilinos del canal, hay al menos unas diez personas que viven en las otras alcantarillas, entre las calles Esteco para abajo hasta la Mendoza, pero nosotros preferimos vivir aquí, yo limpio el canal todas las mañanas. Él duerme debajo de las vigas y yo en el piso. Cuando llueve, antes de que venga la crecida, salimos a la superficie y salvamos nuestras cosas. Hoy tuve una buena noticia, me dieron una pieza por cinco meses hasta que mi marido consiga trabajo y nos adjudiquen un lugar para poder reencontrarme con mis hijos -eso espero-. A veces pienso que quienes me separaron de ellos ejercieron una violencia incomprensible. Hoy tengo una pieza, pero a cambio de mis cuatro hijos", reflexionó con tristeza de madre.

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