El momento en el que los padres ya no pueden cuidarse por sí mismos y pasan a depender de los hijos resulta crítico. Es doloroso y difícil para ambas partes.
El punto crítico se alcanza cuando, por variadas y válidas razones, se plantea la posibilidad de la institucionalización del anciano, circunstancia que afecta profundamente a toda la familia y genera enormes sentimientos de culpa.
Separamos esta situación de aquellos actos indeseables que con frecuencia, lamentablemente, los viejos son institucionalizados por conveniencia e incluso a través de maniobras "non santas", despojando a sus padres de sus pertenencias y declarándolos insanos para beneficio de estos hijos, que no merecen llamarse tales. Puede que se haya llegado al punto en el que la integridad familiar esté en peligro a raíz de la enfermedad que padece el anciano y ya no se pueda sostener más la situación, por lo que eso hace que la internación sea vista como única salida y como el último recurso.
Y aquí se plantea el nudo de la cuestión. ¿Existen en Salta geriátricos que estén formalmente habilitados y funcionando de acuerdo a las normativas vigentes? Las autoridades responsables ¿realizan los controles reglamentarios? ¿A quién les cabe la obligación de atender esta problemática que hasta el momento parece haberse vuelto invisible a la vista de los responsables?
En nuestra provincia le corresponde al propio Gobierno, a través del Ministerio de Derechos Humanos y Justicia, ya que de éste depende la Dirección de Adultos Mayores Provincial y/o la Municipalidad de la Ciudad de Salta, y a su vez a ella le pertenece el organismo de la Dirección Gerontológica municipal.
La misión principal de estos organismos es trabajar por los derechos de los adultos mayores y especialmente su intervención debe centralizarse en la vulneración de los DDHH fundamentales de las personas de esta franja etaria, institucionalizada en los geriátricos dependientes de la Municipalidad de Salta y también los que dependen de la Provincia de Salta.

¿Institucionaliados o depositados?

Por "adultos mayores institucionalizados" se entiende a las personas que viven (o están depositadas) en las residencias para adultos mayores y/o centros geriátricos de gestión pública y privados, sujetos a control del Estado, municipal y/o provincial.
De la información recibida y de las observaciones llevadas a cabo acerca del accionar de estas entidades, cabe reconocer que las personas involucradas en el área de la Dirección Gerontológica municipal, hacen "lo que pueden" según los recursos humanos y materiales les permiten, quedando por ende en el medio de estos "no derechos" las personas institucionalizadas. Aquellas que padecen un injusto aislamiento familiar, asiladas en lugares indebidos, ya que dentro de ellos son asistidos indiscriminadamente sin tener en cuenta la situación particular de las personas.
Se conocen casos de personas que estando en buen estado de salud física y mental fueron institucionalizadas por sus hijos "por la edad, por no poder atenderla y no querer dejarla sola".
De esta situación en particular, las consecuencias son indeseables. La persona termina enfermando de verse despojada de su casa, de las eventuales visitas de su familia (que olvida el depósito hecho de su madre en el geriátrico, por ej.) y conviviendo con otros internos que presentan diversidad de situaciones: demencias seniles, las consecuencias de un ACV, Alzheimer, etc.
Resulta perentorio que el Estado provincial, asignando mayor presupuesto a políticas públicas de Protección Integral de los Derechos de los Adultos Mayores, ya que existen en Salta geriátricos no habilitados funcionando y geriátricos habilitados que no cumplen con la normativa señalada, no se realizan los controles reglamentarios, con la consiguiente vulneración de los derechos humanos fundamentales de los adultos mayores, (al menos hasta la presentación formal de un amparo colectivo, citado más adelante).

Medidas perentorias

Por ello se ratifica la necesidad de: reconvertir la organización y los controles de todas las instituciones destinadas, como última alternativa, como morada de los adultos mayores; exigir y controlar la existencia fehaciente de equipos interdisciplinarios y personal suficiente que respondan a las necesidades de la población a la que asisten; que se contemple la posibilidad de crear y brindar como alternativa la figura de cuidadores domiciliarios, acompañantes terapéuticos, centros de día, familias subvencionadas y todo otro dispositivo aconsejado por instrumentos internacionales para la protección de los derechos de los adultos mayores. La revisión de la normativa vigente permitirá los egresos de adultos mayores institucionalizados y separados de su grupo familiar para no ser discriminados en su derecho a la libertad, a la vida, a la integridad psicofísica, en su derecho a la convivencia socio familiar, en su derecho a vivir en familia y no dentro de una institución asilar, derecho a la salud, derecho a la autonomía, derecho a la intimidad, derecho a la inclusión social y a la igualdad y no discriminación, derecho a la propiedad; todos estos derechos reconocidos y ratificados por los organismos internacionales.
En el amparo colectivo interpuesto a la Jueza en lo Civil y Comercial de 7ma. Nominación Dra. Beatriz del Olmo, la Dra. Natalia Buira, Defensora Oficial Civil Nro. 4, del cual se ha tomado información para esta nota, expresa entre otras cuestiones: "Hasta ahora el Estado municipal y provincial, o bien no se ocupan de los adultos mayores, o se ocupan mal, sustituyendo la voluntad de los mismos y aislándolos en geriátricos bajo el ropaje de la atención y de la protección, pero en realidad es una forma más de control social. Se pretende pasar de una política centrada en la institucionalización en geriátricos a una política cuyo eje es la prevención y la protección basadas en la inclusión en la comunidad y sustituir definitivamente los geriátricos haciéndolo por supuesto de una manera responsable. Hasta ahora los adultos mayores son objetos pasivos de las decisiones que toman otros y no verdaderos sujetos de derechos".
Tras largos años de recorrer este tipo de instituciones, desde los públicos hasta los privados llegué a la conclusión de que no existen personas felices en esos lugares. Están aquellos donde los hijos ingresan importantes sumas de dinero para "alojar" a sus padres, donde supuestamente se les brinda una atención esmerada y también los otros, los públicos, donde todo lo que se ve es carencia de todo tipo. Ambos tienen un denominador común, la tristeza, la mirada ausente, desesperanzada de tanta espera frustrada por la ausencia de la visita prometida de sus seres queridos y el hacinamiento indiscriminado e indeseado. Cada uno de ellos, podemos ser alguno de nosotros. Será justicia atender esta problemática.

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial

Comentá esta noticia


Yolanda Sangari
Yolanda Sangari · Hace 6 meses

Agradezco los comentarios vertidos del Sr.Walter Luna y por sus conceptuosos comentarios acerca de las publicaciones sobe estas temáticas. Por otro lado, me honra que personas de la trayectoria del Dr. Strejilevich avalen y coincidan con esta problemática instalada en la sociedad pero invisible a los ojos de las autoridades. Será un honor poder comunicarme con él y conocer personalmente a persona de tanta sapiencia en el tema. Prof. Mg. Yolanda Sángari

Walter LUNA
Walter LUNA · Hace 6 meses

Es, en la gran mayoría de los casos, la realidad que vivimos. El artículo muestra esa realidad y sus responsables. Espero, que alguna vez, alguno de ellos haga algo para mejorar los últimos diás de una vida que fue, y que se va. Excelente artículo.

Leonardo Strejilevich
Leonardo Strejilevich · Hace 6 meses

POR LEONARDO STREJILEVICH Hogares del feliz ocaso Leonardo Strejilevich reflexiona acerca de la vida de un gran escritor portugués, José Saramago, fallecido el 18 de Junio de 2010 a los 87 años de edad martes, 10 de agosto de 2010 HOGARES DEL FELIZ OCASO por LEONARDO STREJILEVICH A José Saramago, in memóriam El escritor portugués y Premio Nobel de Literatura (1998) José Saramago murió el 18 de junio de 2010 a los 87 años en Lanzarote (Las Palmas) en su residencia de la localidad de Tías en la rocosa isla española en la que vivía desde hacía dos décadas. En 2005 apareció su libro “Las intermitencias de la muerte”; ya estaba irreversiblemente enfermo de una leucemia crónica que lo llevaría a la muerte por fallo multiorgánico. Este su libro, nuestro libro, expresa alegorías, reflexiones y reglas de la finitud de la vida e inteligentes reflexiones. La traducción del portugués al español realizada por su esposa Pilar del Río nos brinda una versión brillante, iridiscente, llena de gracejo y muy española que torna, por momentos, difícil saborear intensamente el texto a la luz de nuestro torpe manejo de la lengua madre. Leer esta y otras obras de Saramago es como escuchar buena música. Las palabras de este escritor tienen un ritmo oral, una intensidad emocional, momentos inefables de prosa poética, narra con un ritmo interno hipnotizante y el lector siente la rabia, el sosiego, la concordancia con sus imperativos de conciencia. Decía Saramago: "Hablar es como hacer música: hablamos con sonidos y con pausas y la música se hace con sonidos y con pausas". "Yo tengo muy claro que el discurso oral es mucho más creativo que el escrito. A la hora de decir algo, todos lo decimos. La verdad es que hablando todos somos creadores". Sus libros reinventan en forma escrita el discurso hablado. Dicen que los portugueses son sobrios y muy bien educados pero la escritura de Saramago fue un grito como el de Camus o Sartre. Fue un escritor radical, no hizo concesiones ni aún escribiendo ficción; como ciudadano fue multitudinario. Sus palabras apelaron a la sencillez de la dicción y del entendimiento, que puso al servicio de muchas causas con las que el siglo XX se despidió para abrazar a un siglo XXI aún más cruel y más inexplicable. Presidió manifestaciones, cartas de apoyo solidario, fue el adalid de muchas penas que aún hoy laceran y todo lo hizo con un sosiego que desarmaba a sus adversarios y a sus enemigos, a aquellos que entendieron sus posiciones y las respetaron y a los que no le dieron tregua ni en el instante mismo de la muerte; su obra no fue únicamente una obra literaria. Usa en su literatura palabras directas; las metáforas de sus libros siempre buscan la paradoja y el sarcasmo; tienen que ver con la lucha del hombre por su libertad, contra la sociedad de consumo, contra los lugares comunes de la religión o de Dios, contra la violencia, contra las perversiones intermitentes de la muerte, contra la dominación del hombre por el hombre, contra la mixtificación de la democracia manejada por el mercado que nadie elige, contra el silencio al que se somete a los hombres, a todos los hombres... muestra las heridas y las cicatrices de las dentelladas rabiosas de la mezquindad que él mismo sufrió hasta después de decir adiós. Decía, escribía y publicaba lo que pensaba y sentía donde fuera sin importarle ni lo políticamente correcto ni las consecuencias de sus dichos. Sólo le importaba decir lo que pensaba. Fue un hombre excepcional y de viejo más aún por su papel activo dentro de una sociedad que no termina de encontrar su rumbo en lo que a igualdad, solución de la pobreza y derechos humanos se refiere. Los ideales de Saramago fueron permanentes, consecuentes y coherentes a lo largo de su vida; acceder a un lugar privilegiado y hacerse famoso no le hizo cambiar sus opiniones sino todo lo contrario, afirmarla en cada dicho y cada acción. “Hogares del feliz ocaso” llama Saramago sarcásticamente en el libro de referencia “Las intermitencias de la muerte” a las residencias para mayores u hogares para ancianos o geriátricos y tiene razón, mucha razón. En nuestro caso el “ocaso” no es una puesta del sol, o de otro astro, al transponer el horizonte, o el oeste como punto cardinal; para nuestro tema es decadencia, declinación, acabamiento de la persona humana. Tantas veces hemos dicho, demasiadas tal vez, sin ser escuchados que lo peor que le puede suceder a un adulto mayor cuando no hay una expresa e inequívoca razón, mejor varias razones de peso para su institucionalización es ponerlo, depositarlo, obligarlo a residir en un lugar de esos, rodeado de viejos excluidos dentro de un verdadero ghetto por mejor, costoso, bonito y protésico que se muestre. En este libro, Saramago hace jugar y dinamizar las escenas del relato sobre la muerte sólo a Átropos que es una de las tres parcas. Las Parcas (Parcae en latín) o diosas infernales son tres deidades hermanas de origen latino Nona, Décima y Morta conocidas como las Moiras de la mitología griega: Cloto que hilaba el hilo de la vida, Láquesis que devanaba y era la distribuidora de suertes; asignaba a cada persona su destino y la duración de la vida y Átropos, la inexorable, que llevaba las temibles tijeras con las que cortaba el hilo de la vida del hombre en el momento apropiado (muerte = cesación de la vida).

Leonardo Strejilevich
Leonardo Strejilevich · Hace 6 meses

Tantas veces hemos dicho, demasiadas tal vez, sin ser escuchados que lo peor que le puede suceder a un adulto mayor cuando no hay una expresa e inequívoca razón, mejor varias razones de peso para su institucionalización es ponerlo, depositarlo, obligarlo a residir en un lugar de esos, rodeado de viejos excluidos dentro de un verdadero ghetto por mejor, costoso, bonito y protésico que se muestre. Dr. Leonardo Strejilevich "Hogares del feliz ocaso"; www.elintransigehte.com; 10 de agosto de 2010


Se está leyendo ahora