El Senado dio sanción a un proyecto de ley para "acabar con los despidos", proyecto que podría ser acompañado de otros por los que "se acabe con la pobreza, el desempleo y la falta de viviendas" y, ya que estamos, "nos obligue a ser felices"
La causa de los despidos
¿Se pueden impedir los despidos por ley? Hace 80 años, Keynes polemizaba con los economistas ortodoxos, quienes sostenían que el empleo, lo mismo que los salarios, se determinaba en el propio mercado de trabajo. Keynes, en cambio, les señalaba que en el mercado de trabajo solamente se establece el salario monetario -el que cobran los trabajadores- mediante discusiones y posteriores acuerdos con los empresarios, pero que el empleo no es objeto de debate entre las partes porque es un resorte privativo de los empresarios. En otras palabras, los trabajadores, en las paritarias, discuten sus salarios con los empresarios; pero el empleo lo deciden unilateralmente estos últimos.

Lo que Keynes sostenía, que es simplemente un dato de la realidad, podrá parecer arbitrario, pero solamente responde al sentido común, ya que la cantidad de trabajadores que necesitan los empresarios está dictada por consideraciones técnicas en función de lo que se decide producir -a más producción, más trabajo demandado y recíprocamente- y esta decisión responde a la demanda de bienes y servicios de la economía. En definitiva, según la magnitud de la demanda del mercado será la cantidad de trabajadores que se emplearán.
"Las ideas de los economistas ortodoxos tienen una imagen especular en las iniciativas populistas".
Por eso, Keynes rechazaba el argumento de los economistas ortodoxos según el cual el empleo podría aumentar disminuyendo el salario, argumento que es similar a sostener que cuando los veraneantes huyen de una playa infestada de tiburones, la solución consiste en reducir los precios de los alojamientos.

Los "tiburones"

Claramente, "los tiburones" en la economía están representados por la recesión y la parálisis consiguiente, por lo que la solución a la caída de ventas que genera la disminución del empleo se dará a través de nuevas inversiones, las que deberán ser alentadas por el Gobierno, además de ser impulsadas por la propia inversión pública. Por el contrario, las soluciones del tipo de las prohibiciones de despidos o la doble o triple indemnización, no consiguen el resultado buscado, al igual que la pretensión ortodoxa de reducir los salarios. Si se aprueba esta ley y se pretende aplicarla -cosa dudosa- las empresas quebrarán, porque no se puede obligarlas a conservar personal que no necesitan como consecuencia de la caída de ventas.

El populismo y la ortodoxia

Resulta interesante que en este, pero también en otros casos, las ideas extravagantes de los economistas ortodoxos encuentran una imagen especular en las no menos desopilantes iniciativas de los populistas, y con los mismos nefastos resultados. Parece entonces oportuno dejar atrás ideas que hace casi un siglo que se han mostrado erradas, y apuntar a iniciativas que generen empleo genuino, de la mano de nuevas y mayores inversiones, empleando los esfuerzos de imaginación para alentarlas desde el gobierno y la oposición, brindando marcos jurídicos amigables para los emprendimientos de las empresas, que son las únicas herramientas que verdaderamente generan em pleo y reducen por lo tanto el de sempleo.

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