Descubrir el mundo se convierte en la mejor terapia para aquellos males del alma, la mente, el corazón y, en muchas ocasiones, el mismo cuerpo; o quizás todo esté tan conectado que cualquiera de estos tres beneficios que aporta el viajar sea suficiente.

Menos estrés

Cuando viajamos disponemos de un amplio margen de tiempo para, simplemente, dejarnos llevar, hacer de los atardeceres y los diferentes destinos nuestro nuevo lugar de desarrollo.

Crecimiento espiritual

Si bien los menos místicos considerarán el viajar como un modo de descanso y estímulo fisiológico, lo cierto es que también nuestra alma experimenta un cambio interior alimentado por la reflexión y la apertura a otras culturas, una nueva interpretación de la vida.
El movimiento de la sangre
Cuando viajamos nuestra sangre siempre está en movimiento gracias a las numerosas actividades que realizamos.

Descansar de forma regular y en periodos cortos, para una mayor calidad de vida

El estudio revela que la mitad de los viajeros dejan pasar más de cuatro meses entre sus vacaciones, y el 15 por ciento espera incluso nueve meses hasta tomarse su siguiente descanso. Sin embargo, hacer viajes cortos y de forma regular es la manera más efectiva para relajarse, según la investigación del economista conductual Dan Ariely, que muestra que unas vacaciones de larga duración tienen menos beneficios, ya que nos adaptamos al tiempo libre y apreciamos menos la oportunidad de relajarnos y acabar con el estrés.
En este sentido, la psicóloga Rebecca Spelman afirma que "una forma más efectiva de utilizar el tiempo libre es haciendo descansos más cortos, cada tres o cuatro meses, en lugar de hacer un único viaje al año".

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Sección Editorial

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