Inflación y apertura económica

Eduardo Antonelli

Inflación y apertura económica

La inflación, principalmente, se explica porque la demanda de la economía crece a tasas por encima de la capacidad de la producción y entonces los precios terminan siendo la "variable de ajuste".
En la economía no es fácil imaginarse por qué podría producirse un aumento en la demanda en forma aislada de la oferta de bienes y servicios, toda vez que si los agentes disponen de más ingresos, se supone que es porque se ha producido más y consecuentemente hay más demanda pero también más oferta. ¿Por qué deberían subir entonces los precios? El "Deus-ex-machina" que lo explica es el Gobierno, que decide de un plumazo -sobre todo cuando no tiene límites del Congreso- aumentar su gasto, lo que no necesariamente es respondido por más producción y entonces sí se crea una brecha entre demanda y oferta que es resuelta con los aumentos de precios.
No es, estrictamente, el mayor gasto lo que provoca inflación, sino la parte que no puede financiarse empobreciendo a la gente con más impuestos; o sea, el déficit fiscal.
Parecería entonces que se le está dando la razón a los "Chicago Boys": la creación de dinero -solo que para financiar el déficit fiscal- es la que explica la inflación.
Sin embargo, si en lugar de billetes fuera oro y/o plata, o bien dólares, lo que se empleara como medio de pago, la inflación se produciría lo mismo, como en la España de la Conquista, ya que la inflación de demanda es el exceso de ésta respecto a la capacidad de la oferta. Por lo tanto, no importa con qué recursos se financie el gobierno cuando tiene un déficit imposible de sufragar con más impuestos: siempre serán los mayores precios los que "resolverán" el problema, que naturalmente vuelve a presentarse en el período siguiente y por eso la inflación tiende a agravarse.
Aparentemente, el argumento anterior tendría una falla porque, durante la convertibilidad, el gobierno gastaba todo lo que su imaginación le permitía y no obstante no se produjo inflación; al contrario, durante algunos años los precios bajaron. En la Argentina de la convertibilidad, las importaciones eran la variable de ajuste para el exceso de demanda que generaba el gasto público.
Evidentemente, no se pueden repetir experiencias pasadas: ni el "ajuste", ni los controles de precios, ni el congelamiento de salarios y otras variantes compulsivas. La inflación debe resolverse en un clima de libertad y sin que haya ganadores y perdedores en el tránsito hacia la estabilidad de precios. Por lo tanto, hay que atacar las causas de la inflación, dadas principalmente por el desborde del gasto público, eliminando todo el gasto inútil y "enrocando" en lo posible gasto corriente por gasto de capital, o sea, obra pública. Sin duda, el abatimiento de la inflación no es el único problema a resolver en la Argentina. Sin embargo, junto con la fragilidad de nuestras instituciones, es uno de los problemas que lleva largo tiempo sin soluciones definitivas. Es hora, entonces, de resolver la cuestión de la inflación de una vez por todas.

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