A la Argentina le quedaba el último misil exocet en la guerra de Las Malvinas. Los pilotos habían demostrado su valentía desde el comienzo de la confrontación bélica contra la poderosa Inglaterra, sin embargo faltaba más. Cuando llegaba el epílogo, se planificó el ataque al portaaviones Invencible (o Invincible), nave insignia de la fuerza invasora. Los especialistas consideran que fue la misión militar más arriesgada realizada después de la II Guerra Mundial. El 29 de mayo de 1982, a los jefes de las distintas escuadrillas les informaron sobre la misión contra el portaaviones. Pidieron voluntarios. No se necesitaban barras bravas, ni tampoco afiebrados hinchas de fútbol, capaces de ponerle a su hijo el nombre de "Lobo" en homenaje al club de sus amores: Gimnasia y Esgrima de La Plata. El país no precisaba "besamanos" ni tampoco que el Congreso supere el récord de debate para decidir en contrario, muchas de las cosas que algunos ya habían aprobado de antemano. En esos días decisivos, en circunstancias adversas, con armamentos limitados para enfrentar a los modernos Sea Harrier (aviones de aterrizaje vertical), modernos "kamikaze", hoy olvidados se anotaron para esa misión, casi suicida. Se ofrecieron voluntariamente los Tenientes Ernesto Rubén Ureta y José Daniel Vázquez. Este ultimo llamó a su esposa en Mendoza. Preguntó por su hijo, nacido pocos días antes. Nada dijo a su mujer sobre la misión que estaba por cumplir. Ella no puede saber en ese instante que será la última vez que escuche su voz, porque Vásquez fue el primero en caer, víctima del fuego de la defensa inglesa. Ureta y Vázquez designaron a los otros dos pilotos. Entre los restantes oficiales del escuadrón, eligieron al primer teniente Omar Jesús Castillo (También muerto en el ataque) y al alférez Gerardo Guillermo Isaac.
El 30 de mayo amaneció terriblemente frío. Los pilotos de la Fuerza Aérea son llamados al prevuelo. Allí, conjuntamente con los oficiales de la Aviación Naval, completan todos los pormenores. Los Súper Etendard serán pilotados por el capitán de corbeta Alejandro Francisco y el teniente de navío Luis Collavino. Uno de ellos portaba el último misil que le quedaba a la Argentina, el otro era guía. El viaje al objetivo fue largo, en el medio se hizo un reaprovisionamiento de combustible, sino los aviones caían al océano por la distancia, pero el impacto al portaaviones fue tremendo, tanto que el orgullo inglés todavía lo sigue negando. Nunca más se supo el final del portaaviones Invencible. Pasaron más de tres décadas y el recuerdo de los actos heroicos de la guerra de Malvinas, contra Inglaterra se repiten. En las trincheras, en el aire, o en las aguas, hay historias que se suceden en un mes cercano y profundo al sentimiento de la patria.

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Sección Editorial

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Álvaro Figueroa
Álvaro Figueroa · Hace 6 meses

Excelente la nota. Y más que oportuno el recuerdo, para estos Héroes de la Patria, que merecieron el reconocimiento unánime de los especialistas del Mundo, que nunca lograron entender, de qué manera y a bordo de aviones vetustos, pusieron en jaque a la "dama" usurpadora.


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