Hace pocos días, el Senado de la Nación sancionó la reforma de la Ley de Educación Superior Nº 24.521, estableciendo el acceso a la universidad como "libre e irrestricto" y garantizando la gratuidad de la educación superior pública y la prohibición de los "exámenes eliminatorios" u "otros mecanismos de exclusión" incorporando bises a algunos artículos como los Art. 7, 35 y 50 de la mencionada ley, para dejar especificado explícitamente estos aspectos. Algunos datos nos dan la dimensión de lo que abarca la educación superior en nuestro país. El 65% de quienes terminan el secundario en Argentina quieren ingresar a la universidad; son alrededor de 300.000 chicos que desean ser universitarios pero en los primeros pasos, la mitad queda por el camino. El 20% abandona antes de rendir el primer examen y el resto aprueba alguna materia pero no llega al año siguiente. Antes del segundo año de cursada, la mitad abandonó. Ni hablar de la recta final: sólo obtienen el título el 20% de los que ingresaron. Otro dato significativo, es que si observamos el crecimiento de la matrícula en las universidades entre 2003 y 2013 en las universidades públicas fue del 13,20% mientras que en las privadas fue del 77,60%, es decir, la matrícula creció porcentualmente más en las privadas que en las públicas en un período de 10 años. También la graduación universitaria privada aumenta más que la estatal; para el mismo período, la graduación estatal se incremento un 23,9% mientras que la privada lo hizo en un 100,2%. En Argentina hay 17 estudiantes por cada graduado universitario, mientras que en otros países como Brasil y Chile, la cifra es menor. Además es crucial el número de estudiantes que no aprueban más de una materia en un año; en las universidades estatales el 43,2 por ciento de los estudiantes no aprobó en 2012 más de una materia después de un año de permanencia en la universidad. En las universidades privadas el promedio baja a 25,8 estudiantes cada 100. Estos datos se transforman en decisivos ya que sabemos que cuando no se aprueban regularmente las materias hace que se incremente la deserción universitaria que también es elevada.
La situación en Salta
Del secundario egresan alrededor de 14.000 alumnos según datos de las últimas estadísticas oficiales; ingresaron a las 2 universidades que tenemos, la privada y la estatal, alrededor de 12.000 alumnos; aproximadamente 5.500 en la pública y el resto en la privada que incluye la modalidad a distancia. En el período 2003-2012 la graduación en la pública se incrementó un 58,4%, según datos de la CEA, mientras que en la privada lo hizo en un 134% para el mismo período.
En Salta hay 26 alumnos por cada graduado, si promediamos ambas universidades, lo cual profundiza la media nacional. El costo por egresado está siendo muy elevado. Además, en el 2012 más de 60 de cada 100 estudiantes no aprobó más de una materia después de un año de estudios; bajando para la privada a 40,3 estudiantes cada 100. Analizando estadísticas de los últimos 10 años como mínimo, en materia educativa, son muchos los datos que llaman la atención, algunos mencionados en la primera parte de este artículo. Está claro que para el logro de la tan ansiada "inclusión" y "equidad" no se escatiman recursos de toda índole y mecanismos facilitadores para propiciarlas en todos los niveles educativos siendo la última novedad esta reforma a la Ley de Educación Superior. La pregunta es: ¿están siendo eficientes y eficaces todas las medidas que se estuvieron implementando los últimos años? Ciertamente una importante porción de los presupuestos gubernamentales se destinan a lograr la equidad en la educación; basta recordar las becas otorgadas; Plan Progresar entre otros; ampliación de cobertura; subsidios varios, etc. Todas estas medidas ayudan a generar una igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos con independencia de su capacidad económica, aunque su logro debería alcanzarse sin desmedro de la eficiencia; de lo contrario, se corre el riesgo de que la equidad no sea sostenible en el tiempo; y es aquí donde considero que realmente está el desafío: en lograr que la calidad también se incremente en la educación superior y revalorizar el sentido para lo cual fue creada. Analizando datos, se observa que el rendimiento de los alumnos en la educación superior es muy bajo, a pesar de facilidades que se otorgan para el ingreso; además existe una masiva cantidad de matriculados que extiende largamente su paso por la universidad. Todo esto y más, hace que la educación superior se encuentre alejada de indicadores de eficiencia y eficacia de los países con mejores rendimientos, sugiriendo una fuerte distorsión en la asignación de sus recursos. La universidad estatal representa el 80% de la matrícula del país; una importante porción del presupuesto nacional está destinado a ella; recibe importantes recursos pero el coeficiente egresados/ingresantes representa un desafío a lograr en pos de la calidad como así también la disminución de la deserción; y la alta relación de duración media real sobre la duración teórica de las carreras donde en Argentina se requiere el 60% más de tiempo teórico para graduarse. Tampoco la universidad puede pretender subsanar las deficiencias de la educación secundaria que también suelen ser motivos de deserción y preocupación en los ámbitos superiores. En síntesis, medidas como esta reforma de la Ley de Educación Superior hace que se amplíe y facilite el ingreso a la universidad pública en particular y se transforme en una oportunidad para que todos los jóvenes puedan continuar sus estudios superiores. Aún suponiendo que se cuente con la infraestructura necesaria para contener a todos los que ingresen, constituyendo esto otro aspecto a resolver en el corto plazo, pero no se facilita la permanencia y el estudio profundo de la disciplina elegida y es allí en donde radica, en mi opinión, el problema; el desafío está en la retención y aprendizaje en la mejora de la tasa de egreso y la calidad haciendo que nuestros jóvenes puedan competir en todos los ámbitos en esta sociedad globalizada.

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