La violencia, en sus distintas manifestaciones, existe desde que el mundo es mundo. Jamás se la pudo dominar, apenas se intentó algún freno, o estudiarla o explicarla. Con distintos tipos y virulencia, por momentos aparece en casos aislados, y por momentos se muestra en una espiral sin fin, cruenta y fatal, como es la que tiene a las mujeres en el blanco predilecto. Por ser mujeres. Por eso, los femicidios siguen siendo, como hace varios años ya, una pandemia, "una enfermedad de todos" en el contexto de la violencia de género. Es decir, es un problema de toda la sociedad, como de todos es también la responsabilidad de involucrarse para encontrar soluciones. Pero esas soluciones no se visualizan, si es que hay algún intento. La pandemia vino y se quedó. ¿Hasta cuándo? ­Hasta cuando! Por ahora, una mujer es asesinada cada hora en la Argentina. El domingo un profesor de artes marciales mató a su expareja y otras dos mujeres; ayer en Traslasierra, Córdoba, un hombre apuñaló también a su expareja. Cerrando el trío mortal de las últimas horas, una mujer mató a su esposo, en Córdoba.
En los primeros días de octubre sometieron a vejámenes y mataron con inusitada crueldad a una jovencita de 16 años en Mar del Plata. Fue el disparador de la marcha "Ni una menos" en Rosario, que reunió a más de 70 mil mujeres. Un día de luto. En el decir de Diana Maffía, filósofa feminista argentina: "Lo que estamos diciendo es que no damos más, no queremos que nos maten más". Porque "Es una de las cosas más graves que le pueden suceder a una mujer: morir por su género".

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