Hace poco más de una semana, la Unidad Carcelaria número 5 de Tartagal sufrió una baja sensible de empleados entre guardiacárceles, oficiales, jefes y aspirantes. El hecho que provocó la ausencia de 26 personas en el penal fue una tremenda intoxicación que "volteó" a 26 trabajadores en sus distintas guardias, quienes al unísono cayeron con los mismos síntomas: vómitos, diarreas y altos niveles de fiebre.
El hecho desencadenó de una de las tantas falencias que existen en el Sistema Penitenciario provincial, en el que, además de la superpoblación, también existen áreas casi abandonadas. La cocina en dicho establecimiento no cuenta con ningún tipo de control. Además, quienes se encargan de la comida son los propios internos, según le confió a El Tribuno una fuente del penal.
El hecho ocurrió el sábado 21 del corriente mes, cuando le tocó el almuerzo al personal carcelero de la Unidad 5 de Tartagal. Ese mediodía comieron ensalada de remolacha con papas y carne asada, alimento que habría estado contaminado o en mal estado. Lo cierto es que horas más tarde, los guardias y parte del personal en sus distintas jerarquías fueron cayendo de a uno con los mismos síntomas. Algunos fueron internados en la clínica San Antonio. La situación no pasó a mayores, aunque unos pocos siguen en recuperación.
Según el diagnóstico arrojado sobre los estudios de las personas que se intoxicaron, varios no tuvieron mayores inconvenientes, mientras que a otros les diagnosticaron "salmonella". Se trata de un tipo de bacteria que suele encontrarse en algunos alimentos tales como el huevo o la mayonesa.
Según los profesionales, es una de las causas más comunes de las enfermedades que se transmiten por alimentos. En algunos casos, si la víctima de contagio tiene defensas bajas puede hasta ser mortal.
Sin controles
En el interior del penal aseguran que no existe ningún tipo de control en el área de la cocina. El responsable del sector tiene a tres o cuatro internos a su cargo, quienes oficiarían de cocineros. Se trata de la única cocina para ambas poblaciones, la de internos, unos 280 presos aproximadamente, y el personal penitenciario.
A su vez, es un área totalmente descuidada donde además de los alimentos en mal estado abundan las cucarachas, ratas e insectos de todo tipo.
El trabajo en la cocina del penal número 5 de Tartagal comienza entre las 8 y las 9 con el desayuno, luego se extiende hasta las 12.30 o 13 con el almuerzo y la cena, entre las 21 o 22. Ese es el horario que tiene el personal penitenciario al momento de alimentarse, después existe otra franja horaria para las personas detenidas en el lugar.
No pocos son los rumores y la incertidumbre que genera el hecho de que la comida esté en manos de los internos. Desde el penal critican dicha decisión, ya que no hay control ni se puede ver cómo se elaboran los distintos platos de la jornada. "Nadie los controla, ni siquiera se los puede ver cuando te pasan la comida porque hay una ventanita chiquita donde apenas pasa la mano con el plato", apuntó la fuente consultada por este medio.

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Sección Editorial

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Walter LUNA
Walter LUNA · Hace 11 meses

La semana pasada era el agua. Ahora, es la comida. ¿O son las dos cosas: agua y comida?


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