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Inundaciones: una historia de nunca acabar
Yolanda Valentina Flores no dejaba de repetir, entre sollozos: "No tengo dónde dormir esta noche. No tengo dónde dormir". Solo había impotencia y desesperación en las palabras de la mujer, que le contó a El Tribuno su situación cuando arribó al centro de Desarrollo Comunitario San Juan Bautista, en barrio ampliación Juanita.
Vive cerca del canal Tinkunaku. Las aguas que rebalsaron le invadieron su casa, como otras tantas veces. Ella ya no sabe cuántas, pero las más recientes fueron en enero de este año y en diciembre de 2014. "Año tras año vivimos lo mismo. Perdí todo. La ropa mojada, las camas mojadas, la heladera está flotando. No tenemos dónde dormir", dijo en medio de su angustia.
El Tribuno la acompañó hasta su casa. Con el agua hasta las rodillas, se preguntaba: "Ahora, quién me dará de comer, quién nos va a devolver las cosas. Es desesperante no saber dónde voy a dormir esta noche".
No es la primera vez que esta mujer de 67 años ve su casa en estas condiciones. En enero de este año pasó lo mismo. Sus hijos y vecinos la tuvieron que sacar en alzas porque el lodo había cubierto todo. La mujer también sufrió daños en su cuerpo. Se quebró una cadera, justamente, por sacar agua que había ingresado a la vivienda en diciembre de 2014.
Fue severa en su palabras al señalar, quiénes eran para ella, los responsables de su tragedia: "El único responsable de esto es el intendente. Ese canal no sirve. Año tras año es lo mismo. Este año no hicieron las obras", sostuvo.

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Sección Editorial

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