En la recta final de una apretada carrera electoral, la lucha sin cuartel entre Hillary Clinton y Donald Trump se endurecía aun más ayer en un contexto de ataques personales de sorprendente virulencia y constantes acusaciones de incompetencia. Debilitada nuevamente por el caso de sus mensajes electrónicos, la candidata demócrata volvió a pasar a la ofensiva y acusó a su rival republicano, entre otras cosas, de haber "pasado su vida denigrando, degradando, insultando y agrediendo a las mujeres".
"Ha demostrado que no tiene el temperamento y la calificación para ser presidente", lanzó quien, a los 69 años, podría convertirse en la primera mujer presidenta de ese país.
Donald Trump, de 70 años, no se queda a atrás y sostiene que su adversaria, a la que hace meses califica de "mentirosa" y "corrupta", encarna "un pasado sórdido" de Estados Unidos. "Nosotros somos el futuro brillante y limpio", dijo el multimillonario empresario cuyo equipo de campaña volvió a la vida tras haber sucumbido a repetidos escándalos. Los asesores del republicano acusaron ayer a Clinton de haber "puesto constantemente sus intereses (...) por encima de los de los estadounidenses" y en varios de sus mítines se sienten los llamados a poner a su rival "tras las rejas".
Esta retórica ha terminado por sacar a Clinton de las casillas. El martes durante un mítin en Florida un manifestante exhibió una pancarta en la que acusaba a su marido, Bill Clinton, de ser un violador. La ex primera dama no pudo contener su ira. "Ya tengo suficiente de estos comportamientos negativos, oscuros, divisivos y peligrosos de gente que apoya a Donald Trump", aseguró, augurando una difícil reconciliación entre "los dos Estados Unidos que se enfrentan en esta elección".

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