"Muchas veces les tengo que explicar a mis paisanos qué es la dignidad. Y la dignidad es trabajo. Necesitamos trabajo. Nosotros estamos aquí y queremos trabajar; esta es la oportunidad para que mi pueblo se levante", le dijo Dino Salas, el cacique de la comunidad wichi San Ignacio de Loyola, al presidente de la empresa Molino Cañuelas, Aldo Navilli, cuando ésta llegó a desarrollar su proyecto productivo en el departamento San Martín.
Los wichis de San Ignacio son unas 150 personas que viven en el kilómetro 1.837 de la ruta 81, 14 kilómetros antes de la localidad de Hickman (Embarcación). Hace un año y medio comenzaron un proceso de transformación radical de sus vidas desde el trabajo, luego de la instalación de una pequeña fábrica textil y la formación de una cooperativa para administrarla. Todavía están en el proceso de aprendizaje y de construcción de una historia diferente. Se capacitaron y ya fabrican cerca de 800 prendas mensuales que, con la ayuda de profesionales de la Fundación San Ignacio, encuentran un canal de comercialización cada vez más fluido. "La pobreza es infernal ahí. Ni siquiera tienen una buena educación que es el factor inclusivo por excelencia". Catalina Rojas. Trabajadora social "La pobreza es infernal ahí. Ni siquiera tienen una buena educación que es el factor inclusivo por excelencia". Catalina Rojas. Trabajadora social
Son 20 familias, 150 personas, 16 trabajadores de un próspero taller textil, los que invitan a los hermanos de todas las comunidades aborígenes del norte a celebrar con ellos, el próximo domingo 4 de septiembre desde las 9 hasta las 18 horas, el "Día del Trabajo y la Dignidad Wichi". Quieren mostrar que "se puede" y contagiar el valor de emprender nuevos caminos con el ejemplo. Habrá espectáculo para niños; música en vivo, locro, torneo de bochas y exposición del taller textil.
Catalina Rojas es trabajadora social y coordinadora del proyecto integral que busca mejorar la calidad de vida de la comunidad San Ignacio. Ella contó: "Me convocó Aldo Navilli porque creyó en el pedido de Dino Salas. Pensó que podrían hacer buenas prendas para vender usando una habilidad artesanal que tienen naturalmente. Entonces se compraron nueve máquinas industriales, una máquina cortadora y se organizó un sector de corte, otro de producción y otro de control de calidad, todo bajo la supervisión de la ingeniera industrial salteña Josefina Vidal que fue armando una red de venta que va creciendo". La marca de la ropa que fabrican es "Lhaka" pero aún se está gestionando legalmente.
4 de septiembre. La cita es en el km 1837 de la ruta 81, 14 km antes de Hickman (Embarcación)
"Durante dos meses estuvo una experta textil de Buenos Aires que los capacitó. Aprendieron desde la hora porque no sabían leer ni escribir, y la importancia de tener continuidad en el trabajo. Ellos no tenían referencias de otras comunidades que hayan trabajado y les haya ido bien. Desde que ganan dinero con lo que fabrican y venden les cambió mucho la actitud. Antes miraban al suelo, no hablaban, ahora te miran a los ojos y dicen lo que piensan; tienen su dinero y toman decisiones", dijo Catalina y remarcó: "queremos que el ejemplo de San Ignacio contagie a otra comunidades, que vean que se puede trabajar, aprender, producir y vivir mejor. Por eso los esperamos el domingo próximo en San Ignacio".
Catalina no tiene dudas de que se puede cambiar la realidad de las comunidades aborígenes con educación y trabajo.
Con gran habilidad, 16 trabajadores wichis van remontando años de creer que no había otro destino, desandando la condena de la pobreza, y destruyendo la teoría que ampara la miseria a la sombra de justificación cultural.

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