Docentes apuñalados, maestras agredidas, niños que se golpean entre ellos... La lista de casos violentos en el aula es interminable. Sin embargo, la escuela termina siendo un espejo de lo que sucede en la calle y en la casa.
En un diálogo con El Tribuno, la psicóloga Irma Silva explicó alguna de las causas y las acciones que se deben tomar para no haya "día de furia" de los chicos.

En las últimas semanas las escuelas de Salta fueron escenario de situaciones violentas entre alumnos y docentes.
Desde hace tiempo que la violencia en las escuelas es llamada violencia social. Porque la escuela es ese ámbito donde se generan conductas sociales. Un ámbito que todavía es un lugar donde los jóvenes tienen espacios de encuentros y de desencuentros.

Hace algunos días ocurrió el ataque a una docente por parte de un alumno y antes casos de autolesiones de adolescentes en la escuela.
Son reacciones de los chicos y hay mucho que hacer. Para los problemas complejos no hay soluciones simples y estas cuestiones se deben trabajar en forma interdisciplinaria. Los seres humanos no debemos poner la palabra conflicto para todo. Hay que desproblametizar. Un niño que comete un acto de violencia de esa naturaleza es un chico con muchas dificultades, y no son solo situaciones personales, sino también de orden social. En la actualidad los padres tienen que trabajar muchas horas afuera -10 o 12- y cuando llegan están muy cansados y poco receptivos. Entonces los chicos -haciéndose cargo de los problemas de los padres- no hablan de sus problemas personalísimos. De lo que les ocurre en la calle, en las escuelas o en el club ni en sus familias.

¿La violencia se aprende?
La violencia es una conducta aprendida. Los chicos son esponjitas que aprenden todo. Por eso hay que trabajar sobre los valores cuando se trabaja en la prevención. Pero la realidad es que siempre se trabaja en la coyuntura. Cuando las cosas pasan. Y cuando más asombroso es el tema, más difusión tienen. Hay que acostumbrarse y esto es para todos. Y a los profesionales más les cabe. Hay que trabajar en espacios preventivos.

Cuando se habla de violencia no es solo el golpe, sino desde la actitud y las caras. ¿Eso se aprende y se repite?
Por supuesto. Estamos construyendo una cultura violenta, que nace desde el gesto, desde la mirada, desde el seño fruncido. Desde la palabra inoportuna que no debía ser dicha a un niño, desde el golpe, el portazo y la agresión al cuerpo. Tenemos un entramado muy complejo sobre el que hay trabajar profundamente.

¿Qué se debe hacer antes? ¿Qué herramientas se pueden accionar?
Hay exceso de capacitación e información. La gente está informada de que un golpe es violento y que un silencio también es violento cuando callo lo que debo decir. Pero se debe trabajar sobre los generadores de conductas violentas y sobre lo que son los factores protectores. Hace años la doctora Tanoni decía que gastábamos mucho dinero sobre la violencia, pero no se gastaban en los factores protectores. Los chicos hoy dicen que los padres les compran los celulares para saber dónde están pero no para saber cómo están. Acá estamos haciendo un salto regresivo.

Los papás dicen que hay que ponerles límites a los hijos, pero muchos temen hacerlo.
Los papás de la modernidad le tienen miedo al límite. Pero el límite te ayuda a cuidar, a enseñar lo que es dañino. Los límites deben estar como guía.
Esta cuestión de la ausencia de los padres es difícil, porque hablamos de ausencias por razones económicas.
Hay que buscar la salida, primero porque son los hijos. Culpabilizarse no. Y le diría a los padres que hay que trabajar la responsabilidad. Ser papás implica tener responsabilidades ineludibles e intransferibles. Hay que apostar al amor.

A esto se suma la droga.
Este fin de siglo XX principio de siglo XXI largo nos instala una cantidad de nombres. Niños en conflicto con la ley penal, niños medicados, niñas madres, niños adictos, etiquetas que circulan, Lo que debemos tomar es los puntos en común de todas estas cuestiones. Una nena que no come porque ve en su hermano el televisor cuerpos esbeltos -que ella no podrá tener porque no tiene esa cuestión biológica-, pero además hay adultos que instan a que esto sea así. Otros niños que roban el celular porque consiguen droga y es la manera de pertenecer a un grupo, porque si no no pueden pertenecer a ninguno. Otros niños no llegan a su hogar porque no alcanzan los ideales de los padres. Y como no sacaron las notas que los padres esperaban no pueden asumir la situación. Una nena en la estación -por dar un lugar- que quiere salir de su hogar porque sabe que si se queda le espera lo peor. Hay que dejar de cosificar y sacar etiquetas y ver qué pasa con los niños, niñas y adolescentes.

Muchos dicen que la violencia tiene que ver con la pobreza.
Esto se ve en todos lo niveles socioeconómicos. Lo que pasa es que hay que sincerarse, si es una escuela pública sale a la luz. A veces las escuelas privadas tienen gabinetes y eso ayuda a atenuar estas situaciones. Falta eso en toda la provincia.

Desde el Ministerio de Educación advirtieron que no habrá más gabinetes psicopedagógicos.
Esto tiene que ver con marcar políticas claras y que se jerarquice lo que está pasando la ciudad, y en este caso la comunidad educativa.

¿Escuelas u organizaciones sociales?, ¿adónde se debe recurrir para evitar los casos de violencia?
Desde el municipio se trabaja con un abordaje al arte y la cultura, donde los chicos puedan canalizar sus emociones. Desde el teatro infantil, el cine, películas, se puede hacer mucho. Los chicos quieren hacer y desarmar los juguetes para ver qué hay adentro. Un niño que juega es un niño que está bien. Cuando un chico para expresarse tiene que pegarle a otro, algo está pasando. Cuando hay dificultades hay que intervenir y también a las familias. El chico es el resultado de lo que estamos esculpiendo. Los que quieran pueden dirigirse a la Subsecretaría de Desarrollo de Políticas Sociales, en el Centro Cívico Municipal, avenida Paraguay 1240, de lunes a viernes de 8 a 20. También través del teléfono: 4160900, interno 1040, o mandando un correo al email: políticas.sociales.salt a@gmail .com. Las llamadas a tiempo son importantes antes y no cuando los chicos entran en lo que se llama el día de la furia.

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