El atentado terrorista en Niza, unido a los recientes episodios similares en Irak, Turquía, Bangladesh y Arabia Saudita revela que la actividad del ISIS no reconoce fronteras. Golpea con igual intensidad al Occidente cristiano en Europa y Estados Unidos como a la población chiita en los países islámicos.
La otra lúgubre novedad de estos días surge de un informe del servicio de inteligencia francés, revelado por un diario parisino, alerta contra el peligro de que el grupo perpetre algún operativo espectacular en los Juegos Olímpicos en Río de Janeiro.
Lo cierto es que esto ocurre mientras el ISIS pierde territorio a manos de la ofensiva de la coalición internacional que en Siria motorizan rusos e iraníes y en Irak, iraníes y estadounidenses. La consecuencia es que el Califato perdió en 2016 la mitad de la superficie que había ocupado en sus primeros dos años de expansión.
Ludovico Carlino, analista del IHS Country Risk, sostiene que la población de ese territorio ocupado, que llegó a ascender a 3.700.000 habitantes, no sobrepasa actualmente los 1.700.000.
Acota que "podemos decir con certeza que el Estado Islámico ya no controla grandes ciudades, salvo Mosul (Irak) y Raqqa (Siria)".
Según las estimaciones del IHS, "con la reducción de territorio también menguan las ventas de petróleo y gas. El ISIS recibe cada mes 26 millones de dólares por la producción de sus pozos, un 26% menos que el año pasado".
Los bombardeos tanto estadounidenses como rusos están orientados a cortar esas fuentes de financiación. Esto obligó al ISIS a disponer una reducción significativa en el salario de sus combatientes.
Un comunicado oficial de la organización consignó que "ante las circunstancias extraordinarias que está viviendo el Estado Islámico, se decidió reducir el salario de todos los muyahidines a la mitad".
Este recorte salarial les hizo perder a los yihadistas un argumento sólido para reclutar personal entre la población siria.
Hasta entonces, el Califato pagaba entre 400 y 600 dólares mensuales, más del doble de lo que abona el régimen sirio al grueso de sus empleados, que cobran salarios de entre 176 y 266 dólares.
Las finanzas son el talón de Aquiles de ISIS. Además del salario de sus combatientes, el Califato se tiene que hacer cargo de los gastos de mantenimiento de la milicia, armas, explosivos, envío de comandos a Europa, pensiones para las viudas y el sostenimiento de la burocracia gobernante. Es un presupuesto de varios cientos de millones de dólares, no mucho menor que los que manejan países como Afganistán.

La AFIP islámica

Ante semejante desafío, la cúpula del ISIS organizó un sofisticado sistema de recaudación, muy bien descripto en un capítulo del libro "Los chicos del ISIS" del periodista argentino Gustavo Serra.
La columna vertebral de esa estructura de ingresos es la venta ilegal de combustibles, pero que abarca una variada gama de fuentes de financiación, que incluye desde los impuestos a la población local hasta los secuestros extorsivos de extranjeros. "Combaten por la mañana y cobran impuestos por la tarde", dice Louise Shelley, directora del Centro de Terrorismo y Crimen Organizado de la Universidad George Manson.
La Agencia Internacional de Energía indica que ISIS controla trece pozos petrolíferos en Irak, que en su conjunto suman cerca del 20% de la capacidad de producción de ese país que es el quinto productor mundial de petróleo, y siete pozos petrolíferos importantes en Siria, entre ellos el más productivo, el de Al Omar, que antes del estallido de la guerra civil tenía una capacidad de extracción de 60.000 barriles diarios.
También tiene el campo de gas Akkas, en la provincia iraquí de Al Anbar, así como yacimientos minerales de fosfato, cemento y sulfuro.
Por otra parte, hay una rígida estructura impositiva. De acuerdo a cifras divulgadas por el propio "Ministro de Finanzas" de ISIS, el emir Mowaffaq Mustafá al Karmush, se recaudan más de 30 millones de dólares mensuales por tasas a todo tipo de negocios.
Se aplican asimismo un 5% de impuesto a los salarios y un 10% a toda transacción bancaria. También se cobran impuestos a los camiones que circulan con mercaderías a través de las fronteras.
Hay dos oficinas recaudadoras de impuestos.
Una, Diwan al- Rikaz, se ocupa de las grandes industrias y controla la compañía de telefonía celular o las plantas embotelladoras de bebidas.
La otra, Diwan al Khadamat, cobra una tarifa fija para cada negocio de entre 7 y 14 dólares por mes.
Los comerciantes también tienen que pagar "voluntariamente" a las milicias que los visitan en búsqueda del "zakat", la limosna que según la interpretación de la ley islámica sería del 2,5% del total de los ingresos de cada persona y que el ISIS elevó al 10 por ciento.
Otra singular fuente de financiación proviene de la venta de antigedades. ISIS controla unos 10.000 centros arqueológicos con objetos de una antigedad de hasta 9.000 años. Se sabe, por ejemplo, que en la casa de remates Doyle de Nueva York se vendió una vasija del rey babilónico Nabuconodosor por 65.000 dólares a un comprador anónimo que hizo la transacción por vía telefónica.
"No vamos a saber nunca quiénes tienen esas piezas únicas. Todo se hace en un gran secretismo. Pero deja a los terroristas millones de dólares", asegura Aymen Jalad, director ejecutivo de la organización Irak Heritage.
Todas estas fuentes de financiación son más mensurables que los aportes clandestinos canalizados a través de supuestas organizaciones humanitarias, provenientes de países musulmanes, en particular de Arabia Saudita y los Emiratos Árabes, cuyos acaudalados multimillonarios ven con simpatía la lucha de ISIS contra los chiítas y contra Irán.

La fortaleza de la organización

En un informe al presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, el subsecretario David Kohen afirmó que "amasaron una fortuna sin precedentes para este tipo de organización". Otro analista de la CIA subrayó que "el ISIS tiene la fuerza que ningún otro grupo islamista había tenido desde la invasión de los musulmanes a la Península Ibérica, mucho más que Al Qaeda".
El retroceso de ISIS en el terreno de batalla, que cercena esas inmensas fuentes de financiación y permite imaginar a mediano plazo la destrucción del Califato, hace que sus combatientes intensifiquen sus ataques en el exterior.
Javier Espinosa, un periodista español prisionero de ISIS durante más de seis meses, afirma que "el ISIS se puede destruir a bombazos, pero su idea no. Para combatir una idea hay que tener una alternativa. La hipocresía no es defendible. Mientras los occidentales sigamos dando prioridad a nuestros intereses y no a los valores que decimos que defendemos el caldo de cultivo seguirá latente. Antes fueron los talibanes, después Al Qaeda, ahora el ISIS y mañana quién sabe".

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