Javier Errea, español referente del mundo del periodismo y uno de los profesionales detrás de la transformación de la versión impresa de El Tribuno presenta por estos días su libro "El diario o la vida", en el que analiza entre otras cosas las decisiones "erróneas" de los grandes diario del mundo ante el reto de la era digital.
En una entrevista publicada por el diario El Mundo, Errea vuelca su experiencia después de haber conseguido en los últimos 10 años que grandes periódicos de todo el mundo (The Independent, Libération, La Nación) llamen a su estudio en Pamplona para encargarle el rediseño de sus páginas.
Errea se dedica además a la consultoría estratégica de medios (su consultora es Errea Comunicación), y en contacto con ambos negocios ha podido profundizar en las entrañas de un oficio que antes conoció trabajando en diversas redacciones.
A continuación, la entrevista publicada en El Mundo:
Nos consta su pasión por la escritura, pero ¿por qué reunir los posts en un libro?
Tenía muchas ganas de contar mis opiniones sobre el periodismo y mis experiencias en muchas redacciones, que son muy parecidas en todas partes: los mismos problemas, las mismas carencias y miserias. Al mismo tiempo he querido contar en cada entrada un pequeño relato junto a la doctrina. Un amigo me ha dicho que tengo vocación frustrada de predicador [se ríe], y curiosamente la portada del libro [con una puerta batiente de saloon] es también la del sheriff o la del predicador del Oeste.
Hablemos un poco de doctrina. Usted desenmascara a gurús, consultores y demás artífices de que estemos como estamos.
Claro, yo mismo soy consultor, me gano la vida con eso, pero he visto tantos atropellos, tantos abusos de mis propios colegas aprovechándose de la situación, dando lo que quieren a directivos o empresarios, que no puedo callarme. Por decir estas cosas me he ganado grandes enemigos entre quienes han cobrado fortunas, durante las vacas gordas, por cambiar las pinturas de un diario o un tipo de letra por otro. Cuando llegó la crisis quedó de manifiesto que estos consultores no sabían de contenidos, que no se compran en el supermercado (el diseño, sí); entonces viraron hacia el negocio de vender redacciones galácticas y volvieron a hacerse de oro.
Muchos dirán que usted defiende el periódico de papel porque es su medio de vida y, por tanto, sus principios van por detrás de sus intereses.
Por supuesto, a mí me encasillan como el del papel. Eso es verdad y mentira a la vez. Lo que siempre rebato en los congresos a los que me invitan es que los medios tengan que ser multimedia. Todo lo contrario, yo sostengo que deben ser monomedia: elige lo que quieres ser y juégatela. Creo en el papel, sí, pero no creo en la esquizofrenia. No ha habido una sola integración de redacciones que haya funcionado, ni una. Si haces un medio impreso, no estés en la web, y si haces una web, apuesta sólo por ella. No se han dado cuenta de que internet es un medio más que compite con el periódico de papel, al igual que la radio y la televisión.
Nos hemos puesto la soga al cuello nosotros mismos...
Hace unos años, a nadie se le ocurría pedirte que por la mañana hicieras unos cortes para la radio y por la tarde dieras valor añadido para el periódico del día siguiente. ¿Valor añadido de qué? Como periodista, hay algo que tengo que decir; si lo destripo antes no me queda valor añadido que dar. Yo trabajo en la radio o en el diario, en internet o en el diario, pero no puedo trabajar en los dos. Y las empresas periodísticas no tienen el valor suficiente para verlo.
¿Somos inocentes los periodistas?
También tenemos una responsabilidad en esta situación, no sólo las empresas. Muchos no han hecho nada para que esto chute, no han tenido curiosidad y son justo los que más se quejan. Ha habido gente acomodada a bordo de un trasatlántico que creía que jamás iba a hundirse, y el resultado son diarios que se caen de las manos: o no tienen historias verdaderamente interesantes o las tienen pero no las saben contar.
¿Qué solución atisba si es que hay alguna?
Me parece que sigue habiendo hueco para nuevos medios, al menos a nivel local. De lo que hay que olvidarse es de los medios masivos. Además, creo que en esta sociedad un periódico debe editarse sin publicidad; lo digo sin romanticismo ni ingenuidad, es la única manera de hacer lo que te da la gana. Aunque soy consciente del esfuerzo que conlleva conseguir cada anuncio en estos tiempos, el único futuro pasa por pagar por un tipo de publicación como la que ha lanzado en Francia Patrick de Saint-Exupéry [sobrino nieto del escritor], XXI, una revista trimestral sin publicidad, que no se vende en quioscos sino en librerías y que está funcionando muy bien.
Así que se ha convertido para algunos en un viejuno antes de cumplir los 50.
En parte es un personaje que yo mismo he alimentado y con el que me siento cómodo (me gusta que me den cera). Como además no estoy en redes sociales, o no he estado hasta hace poco... No estoy porque no lo necesito, no es algo de lo que me enorgullezca. Sin embargo, me considero alguien bien informado, leo, veo webs... Lo que no entiendo es la obsesión por las redes. Esta primavera me hice por fin una cuenta de Twitter. Antes de poner un solo tuit ya tenía un montón de seguidores. En fin, no sé si este fenómeno permanecerá o si es una ola que se diluirá.
Le ha llovido el trabajo en estos años de todos los rincones del planeta.
Hemos trabajado mucho en América, Escandinavia, Inglaterra, Francia. Que The Independent llame a un pequeño estudio de Pamplona significa, supongo, que algo hemos hecho bien. La Nación de Buenos Aires ha sido una gran experiencia, como Libération o Courrier International en París. El secreto está no en lucirse y que se vea lo gran diseñador que eres, sino en la naturalidad, en sentarse a trabajar con la gente. Si además eres periodista, sintonizas mucho más rápidamente y te utilizan para mucho más que el mero diseño, acabas participando en reuniones de portada o de planificación porque te invitan. Te suman de manera espontánea, como me acaba de ocurrir en El Universal de México.

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