Jimena puso los límites

Rodolfo Ceballos

Jimena puso los límites

Un extraviado por algún tóxico dormía en una camilla de la guardia del Hospital Fernández. Allí trabaja la médica Jimena Roca.
Al paciente del servicio de toxicología lo despertaron para que saliera por una urgencia y, como alucinado, comenzó a atacar. Jimena resultó herida en la mano y salvó su vida, por suerte. Los médicos hicieron huelga y ahora la policía volvió a cuidarlos.
La violencia privada e individual es tal que médicos como Jimena, en los medios denuncian el riesgo de trabajar en las guardias. Ella, con su queja, logró poner límites a la vulnerabilidad de las guardias.
La violencia es omnipresente y no es solo por la falta de cumplimiento de las normas. La brutalidad reina en la calle, en las bandas que atacan las guardias médicas, en el vandalismo en las escuelas, etc.
Existe la singularidad del que atacó a Jimena y también la densidad de una violencia social. La patología emblemática de la época es esa violencia plural. No hay, por el momento, inmunología eficiente. No es infecciosa, pero es un estado psíquico que reivindica que nada es imposible. Porque en la violencia social todo está permitido para que el sujeto canibalice a otro.
La violencia se halla en la esfera del poder subjetivo cruel que genera criminales y daños cuantiosos.
Para algunos esa violencia es por la falta de marcos regulatorios más controladores, por la ruptura de la obligatoriedad del cumplimiento de las leyes o, directamente, por la caída de los valores fundamentales de la convivencia.
Es dificultoso ordenar el goce dañino de cada uno si la pulsión de muerte es una subjetividad que gira, solo y a veces, en su propia insidia.
Hay un largo camino que mirar, desde el síntoma social de la violencia al portador de ella, según cada uno. ¿En esa tarea esforzada está la civilización de nuestra era?

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