Entre las 15 y las 19 de ayer el sector comprendido entre San Martín, Catamarca, Lerma y el pasaje Mirador estaba tomado por los animales y sus parientes. Y sí, entre los amantes de los que caminan en cuatro patas es normal que el nombre de familia con que se distingue a las personas también decore el apelativo de las mascotas.
Perros de razas de moda como salchichas, weimaraner, schnauzer y bichón frisé convivían en armonía con los mestizos. Un caleidoscopio de colores se percibía en el conjunto de canes. Muchos estaban ataviados con gran imaginación y audacia para participar del desfile de mascotas disfrazadas, organizado por la Dirección de Zoonosis. A pesar de que el tibio sol de la tarde no alcanzaba a entibiar los capotes, concursaron en varias categorías: perros pequeños, medianos, grandes y discapacitados. Los coordinadores del refugio de Zoonosis, los veterinarios Teresita Soria y Benjamín Ovejero, y el Dr. David Ferri, médico veterinario y director de Zoonosis, oficiaban de jurados. Mauricio Viveros (24) y Florencia Torres (21) fueron con sus golden retriever, Santino (2) y Noemia (un año y medio). Estos estaban ataviados de Minnie y de Rockero. "Venimos a ayudar a los que no tienen hogar y además porque nos gusta que los nuestros salgan un rato y tengan socialización con otros perros", contó Mauricio. Florencia agregó: "Los disfraces los preparamos anoche a última hora. Miramos en el placard qué podíamos adaptar. En 2014 Santino sacó el primer premio como faraón egipcio".
En concurso estaban Doris y Chiquita. Doris, una mestiza de porte grande y siete años de vida está provisoriamente alojada en la casa de Cristian Rosales (24), un proteccionista de LUBA Salta que la había disfrazado de hada de las nieves. "Quiero conseguirle un amo salteño, pero si no se da me gustaría que se fuera al exterior", sueña Cristian. Él ya hizo cambiar las baldosas del patio por cerámicos para que el carrito que usa Doris, que no camina por sí misma, se deslice y hasta le construyó una rampa; pero es consciente de que no puede quedársela. Cerca de allí Chiquita y Malevo eran de los más fotografiados. Azucena Fernández (39), también proteccionista de LUBA, había asistido al evento con su marido Fabián (44), su hija Julieta (14) y su sobrina Lourdes (14). Chiquita es una mestiza que quedó parapléjica a los tres meses de vida e iba muy compuesta en su carrito, y Malevo, otro caschi de porte grande, tenía un tumor en la cabeza y se encuentra en tratamiento veterinario, quimioterapia incluida, hace cinco meses. Ya se sobrepuso a dos intervenciones quirúrgicas y pasó de ser un perro inanimado a caminar, correr y alimentarse por sí mismo. "Nadie quiere perros discapacitados", sentencia Azucena, que recuerda cómo adoptantes extranjeros en 2015 pidieron llevarse a Lunita, también parapléjica, hacia Estados Unidos y cómo Santino, un perro muy maltratado, hizo un viaje sin escalas hacia Holanda. "Cada año hay más gente dispuesta a ayudar, pero se ve mucho el abandono en los barrios periféricos y la falta de conciencia en la castración, sobre todo de los machos. Nuestro sueño es que las clases sobre tenencia responsable se dicten en las escuelas", comentó. Al terminar el desfile, diez perros del refugio de Zoonosis dieron una muestra de destrezas adquiridas a costa de entrenamiento en la esperanza de que puedan adoptarlos. La reubicación de estos animales en buenos hogares será el corolario del trabajo del refugio.

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