"No soy actor ni coreógrafo, ni escritor ni músico: soy un cuentacuentos", se define. Con esa expresión José Luis Gallego se presenta como narrador, autor de cuentos y quien en sus presentaciones -bastante austeras por cierto, ya que prescinde de escenografía o cualquier otro recurso- cuenta con su principal y casi única herramienta: su voz, pero también sus silencios.
Invitado por la fundación Manos Abiertas, Gallego estuvo en Tartagal dictando un taller para docentes y estudiantes, y su propuesta resultó sumamente interesante. La falta de propuestas de perfeccionamiento y formación que tienen los profesionales del interior de la provincia hace que necesariamente, y en la mayoría de los casos, deban trasladarse a la ciudad de Salta para adquirir más y mejores herramientas para hacer de la educación -en cualquiera de sus niveles- un hecho más interesante para sus destinatarios, pero también para ellos mismos.

¿Cómo se gestó su presencia en Tartagal?
Manos Abiertas me invitó a Salta y me organizaron este viaje a Tartagal porque quería conocer el interior, por lo que estuve en el instituto terciario de Tartagal dando una función de cuentos. Yo estudié teatro, pero me dediqué a la narración y mi trabajo diario lo realizo en la cárcel 48, de máxima seguridad, de José León Suárez (Provincia de Buenos Aires). Allí funciona una sede de la Universidad Nacional de San Martín, en la que se cursan algunas carreras y talleres extracurriculares de arte, uno de ellos es el de inventar y contar cuentos. Además, dicto talleres de capacitación para docentes en diferentes provincias argentinas.
Manos Abiertas es una ONG creada por el sacerdote jesuita Ángel Rossi, inspirada en San Ignacio de Loyola.
¿Qué es el arte de narrar cuentos?
Narrar cuentos es un arte en sí mismo, con características propias, pero que no es teatro, danza ni literatura. El narrador de cuentos trabaja con una escenografía que instala en la imaginación del oyente y, de algún modo, se convierte en actor o personaje y hasta puede cantar dentro del cuento porque todo forma parte y está metido dentro de las historias. Mi línea de trabajo tiene que ver con algo austero, con recursos mínimos, donde básicamente utilizo una silla y armo una ronda. Por lo general prescindo también del micrófono. De hecho, en el Terciario de Tartagal había alrededor de 300 personas y se pudo trabajar muy bien sin micrófono.
¿Cómo fue la devolución que tuvo de los asistentes?
Yo puedo hablar de mí y quizá sería bueno que hablara alguien más que haya estado presente, pero yo me sentí muy cómodo. Hubo interés, atención y mucha sorpresa, porque no sabían lo que iba a hacer ni cómo. Se sorprendieron porque hubo humor, un instrumento de tranformación; pero no se trata del cuento como un chiste. De hecho, comencé hablándoles de la muerte, de la vida y de la individualidad.
¿Cuáles son las principales herramientas de un narrador de cuentos?
La palabra, el gesto y el silencio. Porque mi trabajo tiene que ver con instalar espacios para escuchar. Hoy en día, el no escuchar al otro no se percibe como ausencia ni como necesidad, ya sea en el hogar, en la escuela o en el trabajo. Muchas veces, cuando alguien habla, su interlocutor ya está pensando en qué responderle porque no se deja atravesar por el mensaje del otro. Allí se produce como una especie de rebote, pero para que la comunicación exista en profundidad lo importante es que el mensaje pase del otro y vuelva desde la individualidad. Y solo así aparece otro tipo de comunicación. Por otro lado, en el silencio la palabra puede adquirir otro valor; la palabra construye algo musical porque tiene un ritmo que la transforma en atractiva, en estética.
La ONG se inició como un hogar para personas en situación de calle y tiene filiales en nueve provincias.
¿Cualquiera puede narrar cuentos?
La narración se originó con la humanidad, porque aquellos primeros seres que se bajaban de los árboles a caminar en dos patas comenzaron a utilizar el fuego, que cambió la historia. Hubo un tiempo en que comenzaron a formar círculos alrededor de esa herramienta que fue el fuego y seguramente desde ahí provienen las primeras historias. La narración es anterior a la escritura y mucha de las historias de la humanidad provienen de ese período. Por eso, cuando hablamos de narrar hablamos de algo que es inherente a la humanidad. Pero lo que se ha perdido es ese espacio de escucha, para que el hecho de contar una historia se haga posible.
Beneficios para niños y adultos
¿En qué beneficia a los niños o a los adultos escuchar cuentos?
Cuando se narra un cuento se genera un vínculo, porque la narración nos conecta. En la escuela la narración es capaz de generar un espacio atractivo, donde el alumno encuentra otro interés en el docente; donde este puede llegar al alumno de una manera más profunda y donde hasta se puede desarticular situaciones relacionadas con la tensión y la violencia. El cuento es para el docente una herramienta sencilla y por otro lado el aula es el lugar ideal. Trabajando en otros contextos, como puede ser la cárcel, el cuento devuelve la esperanza en porciones pequeñas. La palabra es libertad y contar un cuento es una forma de amor, de conectar, de tomarse el tiempo para estar con el otro. El cuento se cuenta "con" el otro, no "para" el otro.
Hoy y mañana la fundación realizará en la ciudad de Salta el quinto Congreso para Líderes Sociales del NOA.

¿La narración es enemiga de la tecnología?
La tecnología no es ni buena ni mala en sí misma, es solo tecnología. Y nos modifica la vida como lo hizo el fuego o la rueda. Deberíamos preguntarnos qué pasa que no nos damos el tiempo para dedicárselo al otro, qué pasa que no leemos literatura. Cuando cuento un cuento a un niño, a un anciano, lo hago porque quiero a esa otra persona; no le quiero enseñar nada; sencillamente, el mensaje más profundo que el otro recibe en toda su dimensión podría sintentizarse así: "Te quiero, me importás, dedico un momento mío a vos, por eso te cuento este cuento".

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