Hasta ahora, salvo excepciones, son pocos los salteños que saben lo que realmente ocurrió con el coronel José de Moldes en el Congreso de Tucumán.
En las imágenes proyectadas en nuestro Cabildo la pasada noche del 9 de julio se mostró a tres diputados por Salta: Mariano Boedo, José Ignacio Gorriti y José de Moldes. Lamentablemente no se aclaró que solo dos cumplieron con esa misión: don Mariano Boedo y José Ignacio Gorriti.
El coronel Moldes no pudo cumplir con su mandato porque el Congreso de Tucumán le rechazó el poder que le había otorgado el Cabildo de Salta. Caso raro si los hay, pues la misma acta que sirvió para convalidar los poderes de Boedo y Gorriti se utilizó para impugnar el de Moldes, quien quedó excluido de participar de las deliberaciones y, por ende, de firmar el Acta de la Independencia. Y, por supuesto, de nada sirvieron las reiteradas protestas del Cabildo de Salta.
Los opositores
¿Quiénes se opusieron a que Moldes se incorporara al Congreso? Los diputados de Buenos Aires, de Cuyo y aquellos que adhirieron a esa postura luego de conocida una durísima e injusta carta que San Martín enviara a Godoy Cruz: "Estoy seguro -dijo- de que, si Moldes entra en el Congreso, se disuelve antes de dos meses: el infierno no puede abortar hombre más malvado".
En el primer párrafo, el Libertador puede haber tenido razón dado el tempestuoso temperamento de Moldes, pero en aquello de ser el "más malvado" se equivocaba.
San Martín olvidó, quizá por inquina de sus enemigos, que en los inicios de la revolución Moldes había prestado importantes servicios personales y económicos a la causa.
¿Cómo desconocer que cuando el éxodo jujeño, Moldes había entregado en persona a Belgrano parte de su fortuna para ayudar a la resistencia antirrealista?
Lo cierto es que Moldes no se pudo incorporar al Congreso por inquinas y porque muchos no toleraban su recio temperamento.
Más tarde fue candidato a Director Supremo y corrió la misma suerte. El Congreso cambió a Moldes por Juan Martín de Pueyrredón.
Acusación de Godoy Cruz
Más tarde, en Tucumán, el diputado Godoy Cruz acusó a Moldes de haberle violado su correspondencia personal. Para muchos, fue una patraña del cuyano para apartar al salteño del lugar.
Sus contemporáneos recordaban de Moldes su famoso mal talante, pero nunca dejaron de destacar su honradez y corrección. Y de ello hay calificados testigos: Manuel Belgrano y Martín Miguel de Gemes.
Luego de la denuncia de Godoy Cruz, el Congreso suspendió la ciudadanía de Moldes y ordenó procesarlo y arrestarlo.

José Moldes
Las inquinas fueron tantas que más tarde llegaron a influir en Belgrano, jefe del Ejército del Norte, quien, abandonando la estima que le tenía, escribió a Gemes en noviembre de 1816: "Es el hombre más a propósito para revolverlo todo, injuriar a todos y, a pretexto de hablar verdades, satisface sus enconos y, a mi entender, la envidia lo devora".
Luego de los inconvenientes en Tucumán, Moldes pasó a Salta y de aquí a Buenos Aires.
Allí se ocupó de combatir al Director Supremo Pueyrredón, quien en represalia lo hizo detener y remitir a Tucumán para que quedara bajo la tutela de Belgrano. Pero éste no lo quiso tener cerca y lo envió detenido a Chile para que San Martín se ocupe de él.
El Libertador lo hizo encarcelar en el palacio San José de Valparaíso hasta que en 1819 Moldes se fugó. Al año siguiente fue autorizado por el gobierno de Buenos Aires para radicarse en Córdoba.
Allí vivió en relativa calma hasta 1824, cuando viajó a Buenos Aires para denunciar negociados con fondos públicos. A once días de su llegada, el 18 de abril, se sintió mal; él sospechó que había sido envenenado y cuando intentó tomar un vomitivo murió.
Un duelo frustrado
José María Paz cuenta que el día de la batalla de Tucumán, Belgrano, sin saber el resultado, recorría el campo con oficiales y entre ellos cabalgaba Moldes.
De pronto, llegó al galope el teniente Juan Carreto y dijo al general que había triunfado. Y traía con él elementos robados al enemigo. "No crea usted a este oficial que habla de miedo", dijo Moldes a Belgrano. Carreto protestó y le dijo que tenía "tanto honor" como él.
Moldes, mirándolo despreciativamente, le replicó: "¿Cómo ha de tener honor un ratero como usted?". Ahí nomás Carreto se enfureció y lo desafió a un duelo. Moldes aceptó apeándose del caballo. Pero Belgrano se interpuso logrando detenerlos cuando ya desenvainaban sus sables.

El duelo con un general napoleónico

El lance se concertó luego que Moldes le diera una trompada en la cancillería.
La historia cuenta que cuando José de Moldes se encontraba en Madrid, en 1808, peleando por ingresar al Cuerpo de Guardias del rey, llegó a la Corte de España, expresamente comisionado por el emperador Napoleón Bonaparte, un general apellidado Requiers, según decían, dueño de una rancia prosapia. En seguida, el ministro de Estado profrancés, Manuel Godoy, le organizó una cena de honor en el palacio de la cancillería a la que asistieron numerosos invitados, entre ellos, el salteño José de Moldes.
Acalorada sobremesa
A los postres, el agasajado, un militar de jerarquía y quizá alterado por la bebida, echó mano a toda clase de fanfarronadas sobre el poderío de Francia e incluso llegó a decir, sin pelos en la lengua, que si Napoleón quería en un santiamén podía quedarse no solo con España, sino también con sus colonias americanas, y que no había nadie en el mundo que lo pudiera impedir.
Ante semejante revelación, Moldes, según Frías, le dijo con firme altivez: "Los ingleses han probado que eso es más difícil de lo que usted se figura", aludiendo a las invasiones de 1806 y 1807. A lo que él respondió: "¡Bah! esos fueron unos estúpidos que se dejaron correr por la canalla de la calle". "Esa canalla -le contestó Moldes, avanzando hacia él- no es de la familia de los Mouton, y tiene el pecho más fuerte que el de usted -le dijo- asestándole un golpe de puño que lo derribó en tierra".
El duelo
Como por entonces estos entuertos solo se arreglaban por vía de lances caballerescos, el humillado enviado de Napoleón, ni lerdo ni perezoso, retó a duelo a Moldes, quien de inmediato recogió el guante.
Finalmente el lance se concertó para la madrugada del día siguiente, y bajo muy duras condiciones.
Ya en plena lucha, Moldes, que era un experto espadachín, le asestó al francés dos certeras estocadas en la cabeza y a un costado que lo dejaron fuera de combate. Como dice Martín Fierro de su duelo con el negro: "Tiró unas cuantas patadas/ y ya cantó pal carnero".
"Aquel suceso, que resonó ruidosamente en España y en América, rodeó a Moldes de universal simpatía y popularidad. El rey Fernando VII lo colmó de favores, uno de ellos fue su ascenso a teniente primero de la Guardia de Corps, título que equivalía a coronel de cualquier cuerpo del ejército español".


¿Qué te pareció esta noticia?

Aparecen

Sección Editorial

Comentá esta noticia



Se está leyendo ahora