Hoy hace 55 que falleció don José Vicente Sola, quien al momento de su muerte era profesor y vicerrector del Colegio Nacional de Salta Dr. Antonio Castro. Ese día, su "ilustre colegio" cerro sus puertas en señal de duelo.
Nos legó ocho libros, la mitad para enseñanza secundaria: "Gramática castellana" y tres tomos de "Castellano". También una recopilación de sus publicaciones en los diarios de Salta, entre ellos El Tribuno, y que tituló "Curiosidades gramaticales".
De sus obras, hay una que hizo trascender a nuestra provincia en el ámbito de hispanoamérica y España. Fue el "Diccionario de Regionalismos de Salta", obra que ya en su segunda edición (1960) contenía más de siete mil vocablos del habla vernácula. Le llevó quince años de ardua labor, y aún hoy es un libro de consulta. Con él, don José Vicente conquistó el primer premio de Literatura y Folklore de la Región Norte y Andina, correspondiente al bienio 1945-47. El galardón le fue otorgado por la Comisión Nacional de Cultura, en un solemne acto realizado en 1948, en el recinto del entonces Cine Teatro Victoria de Salta.
Su vida pública
Don José Vicente Solá era de profesión odontólogo y a poco de recibirse, a los 24 años, se afilió al Partido Demócrata Nacional. Por tres períodos consecutivos ocupó una banca en la Cámara de Diputados de nuestra provincia. En el segundo mandato ejerció la presidencia del cuerpo, y posteriormente fue senador por el departamento Capital.
Como legislador, fue autor de importantes iniciativas: Patronato del Menor, Escuela para Ciegos, embanderamiento obligatorio en las fechas patrias, instalación de gimnasios infantiles en las plazas, adquisición del terreno para el Colegio Nacional de Salta, erección del mástil de la plaza Gemes y premiación con medalla de oro al mejor bachiller egresado del Colegio Nacional y a la mejor docente recibida en la Escuela Normal de Maestras.
Homenaje de El Tribuno
Al otro día de su muerte, El Tribuno publicó la nota "Ha muerto el maestro de la juventud salteña". Y decía así: "Tenía la ternura del maestro y la cordialidad sencilla y noble del hombre de todos los días. Su casa era el colegio y su hijo el alumnado. Con el primero fue creciendo en vocación. Con los segundos se convirtió en amigo. Su voz se pegó a la idea y su hidalguía al espíritu. Aún en su despacho, su personalidad estaba presente en cada clase. Suyas eran las aulas y suya la grandeza de un enorme cariño juvenil. Era el vicerrector y el compañero, el que enseñaba la asignatura y el que en cada acto daba la suprema lección de la vida.
Don José Vicente Solá encarnaba la figura del docente. El hablaba del idioma y este se hacía simple y fluido. En el colegio, recorría los patios y a su lado iba el alumno. Era en ese momento el profesor, el hombre, el amigo, el padre circunstancial a quien se podía recurrir a toda hora. Para él, el Colegio Nacional lo fue todo. Por eso hoy sus puertas están cerradas y hay un silencio especial que se nutre en dolor, que se abraza a las aulas y recorre la casa como buscando la figura del viejo profesor que se ha marchado. Y su ausencia esta vez llega muy hondo. Está en todas las puertas repitiendo el nombre de José Vicente Solá. Para él hay un solo homenaje, repetir su nombre porque él, a través de generaciones, será sinónimo de amistad, vocación, cariño y visión de maestro".

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Sección Editorial

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Alberto No
Alberto No · Hace 15 días

Gracias, Borelli por este homenaje a quien fue mi Profesor de Castellano en el Colegio Nacional, un maestro, siempre dispuesto a ayudar a los alumnos en la consultas sobre Gramatica, un erudito, un sabio, siempre lo recuerdo. Cuando ingresé a la Universidad de Buenos Aires, tuve que hacer el Curso Obligatorio de Ingreso y pasé todas las pruebas por los aportes de José Vicente Sola, un sabio. Presente!

Álvaro Figueroa
Álvaro Figueroa · Hace 15 días

Gracias, Luis Borelli, por tan hermosa evocación. Dentro de tanta estupidez y tilinguería, es una maravilla poder recordar a personas de bien que, con sencillez y señorío, han recorrido nuestras calles, compartido su tiempo y anidado en el corazón de la juventud de su época, los valores permanentes de la honradez y la rectitud.


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