Fue un jugador temperamental, con mucha personalidad en el área, pero ese temperamento le dio algunos dolores de cabeza. Hoy, con 66 años, vive en General Gemes, junto a su esposa y dos hijas profesionales, una psicóloga y otra abogada.
Aprendió a jugar al fútbol en el Colegio Salesiano de Salta, pasó por las inferiores de equipos de Gral. Gemes y en el 66 Tito Cansino lo llevó a Talleres de Perico.
"Cansino también me llevó a las inferiores de San Lorenzo, donde jugué con grandes ídolos como el Bambino Veira y el Lobo Fisher. Tenía 15 años y fui goleador. El cura Bergoglio, hoy Papa Francisco, era un fanático de las inferiores de San Lorenzo, siempre nos visitaba. Pude estar con él. Lo recuerdo una persona vivaz, muy espontánea. Una hepatitis me alejó por seis meses de la cancha, esa hepatitis mal curada me iba a traer grandes dificultades a futuro", recuerda Juan.
Con 16 años regresó a Salta y se incorporó a Juventud. Integró un gran equipo antoniano, pero, recuerda: "Un incidente me alejó. Me peleé con Raúl Palavecino, le pegué mal, lo mandé al hospital y me tuve que ir. En un amistoso después de 15 años de lo sucedido, nos volvimos a encontrar, Palavecino se acercó y me saludó, fue un gran gesto, me perdonó, eso habla de su hombría de bien, ahora es mi ídolo". Continúa: "Me fui a Instituto de Córdoba, donde jugué con el Pitón Ardiles, el Ratón Ayala y Heredia, todos fueron convocados para la Selección, menos yo (sonríe). Cuando me fui me reemplazó Mario Alberto Kempes".
Sobre los motivos por los cuales no integró nunca la Selección argentina siendo goleador de equipos campeones, dijo: "Creo que por mi indisciplina, mucha gente me recuerda más por mis escándalos dentro de la cancha que por mis goles". Resalta: "Hubo otros motivos, un hígado que no funciona muy bien, genera complicaciones musculares. Tuve muchos desgarros y algunos de ellos en mis mejores momentos futbolísticos". En el 73 volvió a juventud participando del nacional contra los mejores equipos del país, compartiendo la delantera con Luñiz o el Ardilla Rivero. Tuvo su paso por Bolivia y terminó su carrera en el club Policial, en el que también salió campeón. Sobre el particular, aclara: "No comprábamos partidos como se decía, los ganábamos porque había grandes figuras como el Pollo Tejada que vino de Boca". Hoy es productor en su finca de Aguas Calientes, tierras que compró gracias a las exigencias de su padre. "Todo lo que ganaba mi papá me lo hacía invertir en tierras, no lo podía gastar. Hoy se lo agradezco", expresó. Juan Parra Pardo cerró la nota con un recuerdo: "El día de mi debut en Juventud, también debutó un tal Tucho Figueroa, lo que puedo decir de él es que se notaba que tenía buenas uñas para guitarrero".

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