Jugando a las escondidas

Humberto Echechurre

Jugando a las escondidas

Parece un juego de niños pero no lo es. Se fugaron con una réplica de madera de una pistola 9 milímetros, salieron por la puerta de un penal de escasa seguridad para presos de alta peligrosidad y usaron un destartalado Fiat 128, que aparentemente por fallas en la batería les costó hacerlo arrancar. Entonces se cansaron y se fueron. Se subieron a una camioneta Toyota doble cabina negra y -seguramente- en ese momento sintieron el renovado aire de la libertad. Si faltaba algo a esta historia, por momentos increíble y por otros sorprendente, uno de los penitenciarios no podía llevar arma porque su religión se lo impide. Con esos argumentos la fuga de los condenados por la efedrina tiene todo los condimentos de esas películas policiales argentinas que se posicionan lentamente en los principales cines. No será "El secreto de tus ojos", pero puso la mirada en la realidad sobre el pasado, el presente y el futuro del sistema carcelario del país, agobiado por la falta de recursos y el olvido de los gobernantes.
Martín Lanatta, Cristian Lanatta y Víctor Schillaci aprovecharon la situación y dibujaron el trayecto de su propio Rally Dakar. Empezaron -sin público- en el penal de General Alvear. De pronto los vieron pasar por San Juan, recargaron combustibles y volvieron -o nunca fueron- porque prefieren el circuito bonaerense que conocen de memoria. Quizá allí tienen conocidos que los ayudan a mejorar rendimientos. De otra manera no se explica que mientras setecientos policías los buscaban contrarreloj, ellos estuvieron en una fiesta privada del "Faraón" (ojo no es el principe qatarí), tuvieron tiempo de visitar y robar a una de las suegras y antes mostraron sus instintos asesinos al herir gravemente a dos policías. Con todos estos elementos, en países serios la historia sería imposible, pero en la renovada Argentina de María Elena Walsh, "El reino del revés" es posible.

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