Pergamino, Buenos Aires (Por Matilde Fierro, enviada especial de NA) -- "Es el día más maravilloso de mi vida, después que ella me dejó estar al lado de mi hijo, tener una nieta y pensar que en su momento sólo había pedido a María Crescencia dejar ver a mi hijo hombre", confesó a Noticias Argentinas María
Sara Pane, cuya curación milagrosa en 1995 posibilitó la beatificación hoy de María Crescencia Pérez.
Visiblemente emocionada y sin separarse de su hijo, la mujer recordó cuando con 23 años fue sanada luego de Con 40 años, todavía le cuesta creer haber sido objeto de los "favores celestiales".
Empleada administrativa en la Fuerza Aérea Argentina, Maríoa Sara Pane contó a NA que sigue "luchando" todos los días, pero que María Crescencia le regaló una nieta y con eso "qué más puedo pedir".
Sentada en primera fila, le tocó subir al altar una reliquia de la nueva beata argentina -primera bonaerense-, junto con una integrante de las Hermanas del Huerto, a la que perteneció Crescencia, y que fue colocada ante el cardenal Amato, prefecto de la Congregación de los Santos.
"Le pido a la gente que tenga fe, yo digo que cada pensamiento bueno que le elevan a ella, obra en nosotros, con su intercesión", explicó.
En 1999, como para la beatificación es necesario presentar un milagro, el 25 de agosto de ese año, en el Arzobispado de Buenos Aires, se dio comienzo al proceso de en ese entonces "presunta" curación milagrosa de la joven Sara Pane.
En 1995, Sara necesitaba un urgente trasplante de hígado por una hepatitis aguda agravada por una diabetes infanto-juvenil. El 2 de abril de ese año, con sorpresa, los médicos en el hospital Italiano a punto de trasplantarla, comprobaron que estaba completamente curada y ése fue el milagro aprobado por el Papa Benedicto XVI en 2011 que hoy permitió inscribirla en el libro de los beatos.
"Todos estos años estuve al servicio de ella, haciéndome estudios, siempre con mucha fe, cuando sabés que todo va a salir bien porque ya tenés esa paz interna", manifestó.
En el día de su beatificación, Sara Pane trajo muchos pedidos que le encomendaron, pero al ver la enorme multitud de personas llegadas de todas partes del mundo formuló un deseo: "Le pido a María Crescencia que las mire y las escuche, yo sé que las está mirando y escuchando", expresó a NA.
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