Una lucida puesta se presentó en nuestra ciudad, con poco público.
"Recuerdos nos llueven" es no sólo parte de la milonga ("La milonga y yo") sino el sentido que embarga a Virginia Innocenti, cuando se sube a las tablas para hacer "Dijeron de mi". Y sí, ella, tal como lo anuncia el título del espectáculo "revive el alma de Tita Merello", un poco desde el recuerdo, otro tanto desde la admiración, y además desde el hecho de ponerse en su piel para contar momentos claves de su existencia.
Aunque a veces la representa, la idea de esta excelente puesta que llegó a Jujuy días atrás para presentarse en el Teatro Mitre, no es imitarla, sino transmitirla. Tita Merello fue una mujer muy particular, intensa, incompleta, sufrida, sabia, desengañada, sola, famosaà.
"Yo la conocíaà la conozco", dice la actriz para comenzar este unipersonal que no tiene fisuras, que la encuentra relatando, actuando y cantando, con un entrenamiento visible, y una gran calidad interpretativa. Innocenti logra hacer correr las lágrimas en varios momentos, y provoca la carcajada en otras, porque Merello era así, una mujer con humor y a la vez triste. "Mi pobreza es de amor, la otra no importa" le dice a su pianista y canta "Arrabalera", porque es "porteña de una pieza" y tiene "voz de bandoneón".
Transita los momentos tristes de su vida, como las tantas navidades que pasó sola, o mejor dicho con su perro Corbata, o las tantas veces quizás enmarcadas en algunas de estas navidades, que pensó en quitarse la vida. Y entonces surge también su admiración por el doctor René Favaloro, quien la asiló en su fundación en su vejez, le dio una cama y cuidados, que por ser sola y vieja necesitaba tanto como el cariño que nunca nadie le dio de cerca, más que su público.
Y trayendo a la memoria a Favaloro, un gran dolor argentino, canta "Cambalache", llorando, dolida, "él lo hizo y yo no" reflexiona sobre el suicidio, "él que era un ángel". "Cambalache suena exacto a la realidad que vivió este genio de nuestra Argentina que nos abandonó haciendo de esta manera su último intento por cambiar las cosas.
Después del hondo dramatismo que emociona y embarga hasta las lágrimas a la actriz Innocenti, más que a quien fue su amiga, la obra seguirá contando pasajes de la vida de una mujer interesante y profunda, realista y talentosa.
Con mucho respeto revive el debut de la Merello a los 16 años, "nunca fui niña, nací con 10, 100, miles de años", dice resignada, adaptada, pero no del todo convencida. Asegura que lo mejor que te puede dar la vida es el amor, un poco renegando de no haber contado con sus padres (su padre murió cuando ella tenía 5 años y su madre poco tiempo después debió dejarla), por eso dice "no tuve hijos para no faltarles".
Con todo, su dureza, su crudeza, su crítica constante de la vida y la suerte que le tocó, Tita soñaba con marido e hijos, y eso la acerca al común de las mujeres, que más allá de sus realizaciones y logros, tienen en el alma un deseo romántico constante.
A pesar de sus desencantos amorosos, y de la vida en general, Merello siempre fue una mujer que fue al frente, y emprendedora si las hubo. Nostálgica expresó alguna vez, y esta puesta musical lo recordó acertadamente, "si no puedo trabajar en mi país, ¿me querés decir cómo hago para no morirme de la pena?"
Innocenti entonces se sale un poco del personaje, y vuelve a dirigirse al público como ella misma: "Yo la conocí, ella hizo lo que quería, sacó de entre todas las mujeres, una mujer".
Y por supuesto, antes de terminar, se dirigió a una joven en la sala para preguntar: "Muchachita, ¿ya te hiciste el Papanicolau?
Hacia el final, ya vieja, encorvada, se acerca caminando hasta el pianista y luego emprende el retiro del escenario, como en algún momento "ella" se retiró de este mundo, ese 24 de diciembre de 2002, antes de pasar otra Navidad en soledad.
Innocenti vuelve luego para interpretar vestida de gala y con una estola de piel, "Se dice de mí", para un final realmente excepcional.
Virginia Innocenti luce un arte dramático exquisito y una voz sumamente afinada en el tango, tanto como en otras propuestas musicales que puso a consideración del público., No es su primer musical unipersonal, sino el tercero, y de cada uno surgiuó un disco con la recopilación de temas que lo conforman. La dirección musical de semejante homenaje, es de Diego Vila, quien acompaña a la actriz desde el piano, con tal maestría que merece una mención aparte. La dirección general es de Luciano Suardi.