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Municipios El gaucho y Quillacas

Profunda veneración al Señor de Quillacas

17.09.11 Con modos profundamente andinos se celebra la imagen del Señor del Milagro en diferentes parajes de la región.

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TILCARA (Corresponsal). En la celebración del torito, para la fiesta de San José, dos gauchos guían a la bestia para que no cornee a los que participan de la procesión; en el carnaval humahuaqueño, el gaucho rebenqueaba a los diablitos dormidos para que no dejen de alegrar a la gente. Estas dos coreografías hablan del lugar que tiene la figura del gaucho en nuestra cultura. En el relato de la veneración de Quillacas, la figura del gaucho se amplía y se complementa.


Cuentan que llegó, arriando hacienda, hasta ese lugar del altiplano boliviano donde hoy está el santuario y que allí se quedó dormido y perdió los animales que llevaba. Desesperado, el gaucho acaso deba rendir cuentas ante el patrón por toda esa vacada que debía vender.


Cuentan que vio a un viejito que le dijo que no se preocupara, que la hacienda estaba allí, a la vista. El gaucho se tranquiliza, y cuando le va a agradecer al abuelo, sólo encuentra la imagen del Señor del Milagro. Como debió ser un gaucho salteño, esa es la imagen que le aparece, y por ello la fiesta de Quillacas cae para la misma fecha.


Dicen que aún hoy, en el santuario de Nuestro Señor de Quillacas, a trescientos kilómetros de La Paz, en el departamento de Oruro, están las ropas de ese gaucho, dejadas como ofrenda. Allí han viajado cantidad de argentinos este año para participar de la fiesta en homenaje de la santa aparición.


Dice una crónica de 1582, rescatada en 1969 por Waldemar Espinosa, que el paraje de Quillacas, pobre en sementeras, es dueño de una rica pastura y que, ya en tiempos del incario, era famoso por su hacienda de llamas, paisaje propicio para el gaucho y su ganado, y uno podría imaginar que en la fiesta sonarán las zambas más carperas, pero son las trompetas del tincu las que protagonizan el sonido y su mímica de combate hace a la coreografía. Los arcos de aguayos parecen ser su símbolo más propio. Chaya, papel picado, cohetes, casitas de miniatura a la que pedir ventura, todo parece haber quedado en la textura de la cultura andina, como el gaucho que rebenquea a los diablitos en la comparsa, no como el que arrea al torito de San José.


Queda la figura del gaucho, queda la imagen del Milagro, pero todo el estilo de la fiesta, allí en Quillacas, aquí donde se lo celebra en las casas, tiene los modos de la cultura del altiplano, su sonido, sus colores. No es para sorprenderse, la cultura andina, tan rica y tan fuerte, asimiló el relato, acaso haya resignificado la figura del gaucho. Así, las rutas jujeñas cruzan peregrinaciones que bajan a Salta con las que suben a Quillacas, como las que este jueves colorearon con su música y su fiesta las cercanías de la Terminal humahuaqueña, regresando. Entre ellas, las de las fotografías que acompañan esta nota, de cuya imagen son esclavos Estela Calapeña y José Ramos, siendo los pasantes de este año la familia de Héctor Gonzalez.
 

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