Las noticias que se han instalado en los medios de comunicación social en esta última semana son las vinculadas a la "justicia por mano propia" y han creado una gran polémica con frases como estas: "El mejor ladrón es el ladrón muerto", "si los chorros quieren que no los maten, entonces no salgan a robar", con un sinnúmero de adhesiones y aplausos en las redes sociales.
Incluso desde los ámbitos del poder público se avalaron, en cierto modo, estas conductas dentro de la sociedad. Se pueden ver en algunas ciudades carteles anónimos, que advierten: "A toda persona que se le sorprenda cometiendo algún delito, será enjuiciado por el pueblo, por no contar con seguridad municipal" o "Ratero, si te agarramos, no vas a ir a la comisaría ­­Te vamos a linchar!!".
Otra postura en las redes queda descripta en éste breve diálogo imaginario entre un padre y un hijo: "Papa, si matamos a todos los ladrones, quedaríamos solo los buenos? A lo que el padre contesta: no hijo, quedaríamos sólo los asesinos".
La justicia por mano propia no es justicia, es violencia. E implica un descontrol social de tal magnitud que se va tornando difícil revertir. El odio genera más odio y la violencia más violencia.
Una muerte injusta genera venganza en el corazón del hombre. Es una verdadera tragedia social.
Hace dos años hubo un linchamiento en Rosario a un joven que robó la cartera de una mujer; un grupo de vecinos enfurecidos lo mató a patadas y esto desató la polémica sobre la justicia por mano propia.
Enterado de éste hecho, el papa Francisco recordó el relato de Fuenteovejuna, aquella obra teatral compuesta por Lope de Vega en el siglo de Oro español de rebelión y barbarie. "Me dolió la escena. Fuenteovejuna, me dije. Sentía las patadas en el alma", dijo Francisco.
La tesis elemental de la obra es que el pueblo no se propone cambiar el sistema social, tan solo quiere justicia y dado el panorama decide tomarse la justicia por su mano, confiando en que la autoridad real avale su acción.
La clave de su triunfo final es la unidad de todo el pueblo.
No hay ningún vecino que, aun siendo sometido a tortura, delate al autor directo de las muertes.
Ante la pregunta repetida del juez, la respuesta siempre será la misma: Lo mató Fuenteovejuna, es decir, el pueblo.
El Papa recuerda que los linchamientos en la Argentina mataron a algunos ladrones pero multiplicaron la cantidad de asesinos.
El mensaje de Francisco contiene una profunda reflexión contra la violencia y advierte que toda la sociedad está involucrada en el drama de la justicia por mano propia. "Me acordé de Jesús; ¿qué diría si estuviera de árbitro allí?: el que esté sin pecado que dé la primera patada".
Francisco se puso en la piel del chico que aparece en una foto desarticulado como un muñeco, sangrante como la víctima de una guerra, al lado de una moto que lo mira como un toro arrollador.
Lo expresó así: "Me dolía todo, me dolía el cuerpo del pibe, me dolía el corazón de los que pateaban".
"Pensé que a ese chico lo hicimos nosotros, creció entre nosotros, se educó entre nosotros. ¿Qué cosa falló? ", preguntó el Papa, sin las respuestas, o quizás con todas, porque desde que conduce la Iglesia ha planteado que el delito no se combate con revanchas ni barrotes, sino con inclusión social, con una casa por familia, con comida, y sin sumisión a la "tiranía del dinero".
Los atacantes y los que aplauden justifican su accionar en lo que consideran una "ausencia del Estado" ante la inseguridad y llenos de odio y venganza insisten en pensar que no hay otro modo.
Pienso, con el papa Francisco: "Me acordé de Jesús; ¿qué diría si estuviera de árbitro en un enfrentamiento entre un ladrón arrinconado y un pueblo con sed de venganza: el que esté sin pecado que dé la primera patada".
Es cierto también, y comparto con toda la sociedad, que una justicia lenta no es justicia y que muchos entran por una puerta a la comisaría y sale por la otra, sin pena.
Pero mal que nos pese, los que delinquen deberán ser juzgados por las autoridades correspondientes, aplicando las leyes que fueron promulgadas para crear un orden y ambiente de paz social.
Los cristianos no debemos agregar ni una gota de violencia a esta situación. Más bien, debemos exigir a nuestra autoridades la seguridad social y la seguridad jurídica, que los poderes del estado, que en democracia son delegados por nosotros funciones correctamente, como un engranaje de una fábrica que armoniosamente produce.
O de lo contrario, tendremos que pensar si vale la pena vivir en un país sin conducción.
Pienso que tenemos una oportunidad histórica, el consenso social y popular necesario para aplicar las leyes que conduzcan a una mejor calidad de vida en los ciudadanos de esta tierra, hacen falta firmes decisiones política en materia de seguridad social y jurídica y un crecimiento real en la independencia de los poderes de la Nación.
Como decía el Padre Castellani, en su fábulas Camperas, hablando de las copetonas y martinetas, que obraban como manadas ciegas detrás de cualquiera que levantaba vuelo, y vuelo de gallina: "Pueblo sin ley y sin jefe, es mejor que un cuerdo lo deje, su destino será perecer". Argentina no se merece esto, es hora de reclamar justicia, y de la verdadera.

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Sección Editorial

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Erik Larsen
Erik Larsen · Hace 2 meses

Qué cantidad de ridiculeces que dice. Ciertamente no hay justicia en MATAR a un ladrón. Pero darle una buena cagada sí es justicia. También desliza que el pueblo tiene "jefe" y "autoridad real", refiriéndose a los payasos del gobierno, que cabe aclarar NO SON NUESTROS JEFES y mucho menos son AUTORIDAD. Son meros empleados delegados de un sistema democrático que ya todos sabemos funciona como la mona. El redactor también pretende poner en pie de igualdad a los ladrones y asesinos con la gente que no lo es, manoseando la historia de Jesús con Magdalena, en situaciones que son absolutamente incomparables. Una cosa es ser un pecador que no provoca daño a terceros, y otra muy distinta ser un ladrón, un asesino o un violador. Y otra ridiculez maliciosa es eso de pretender endilgar responsabilidad al ciudadano de bien por el que se hizo chorro, asesino o violador. Yo no tengo absolutamente nada que ver con los enfermos esos.


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