Para arriba y para abajo. Juventud Antoniana transitó el 2016 con un permanente zigzagueo en lo deportivo y muy polémico en lo institucional.
Juventud está condenado a ser examinado bajo lupa, es un amplificador de sucesos, cualidad que portan los clubes grandes y pasionales.
En el año que despedimos el santo no convenció, de enero a diciembre. Siempre dejó margen para las dudas. Desde aquella vergonzante goleada que recibió apenas comenzó el año, por la Copa Argentina, frente a Gemes de Santiago del Estero. Un 4-1 irreversible en Salta y una victoria anecdótica en la revancha que no alcanzó para nada.
Ricardo Aniceto Roldán fue el entrenador en los primeros partidos, el mentor de un plantel con muchos jugadores locales pero que demostraron no estar a la altura. Y no podía irle de otra manera en el arranque del Federal A del primer semestre. Gimnasia y Tiro lo castigó con una victoria por 3 a 1, luego vino un empate en el Martearena y la gente ya no se bancó tanta mediocridad de entrada. La fecha libre siguiente le dio el impulso a la dirigencia para desplazar a Roldán. El Tahuichi Albornoz dirigió interinamente en la victoria sobre Zapla por 2 a 1 pero todo estaba preparado para el arribo de Jota Jota López. Con el ex-DT de River, el santo logró una mejoría y la clasificación a los play-
off por el ascenso. Pero en la semifinal cayó ante Unión Aconquija y así cerró la primera etapa del año.
Jota Jota siguió al mando, se armó un nuevo plantel que tampoco rompió el molde, pero que siguió contando con un dúo que, pese a los años, fue lo único que mantuvo la ilusión de los antonianos en cada partido: el Ratón Gustavo Ibáñez y Gustavo Balvorín. Este binomio tucumano cumplió a lo largo del año. El "9" hizo 19 goles en total (contando Copa Argentina) y el Ratón marcó 11 tantos.
Arrancó la nueva temporada con una zona reducida y enfrentamientos reiterativos en tan solo tres meses. En esta marea de partidos, el santo al menos pudo celebrar en los clásicos: le ganó dos de los cuatro a Gimnasia y Tiro, empató uno y perdió el otro. Pero su campaña fue completamente irregular con derrotas dolorosas, como la que le propinó San Jorge con un contundente 6-3. Los hinchas, definitivamente, ya no creyeron más en el equipo. En el técnico tampoco. Bastó otra golpe bajo, como fue perder con Gimnasia y Tiro por 5 a 3 para que el ciclo de López se apague.
Salvador Ragusa tomó la posta de un equipo que parecía abatido. Pero en su debut, venció a Altos Hornos Zapla, que había sido protagonista y duro de vencer para el resto. Con Ragusa, Juventud volvió a ganar (a Concepción y nada menos que a Gimnasia y Tiro, por 2 a 1) y de nuevo, una vez más, la irregularidad. El sube y baja. Es que el Federal A, como en casi todas las categorías, cualquiera le ganó a cualquiera. Jugando mal y todo, cosechando solo un punto de los últimos nueve que disputó en el último mes, el santo logró clasificar a la siguiente ronda, capítulos por escribirse en el 2017.
Lo peor de Juventud ha sido la guerra dirigencial que desataron Pepe Muratore -el presidente y su gente- con los socios protectores encabezados por Juan Barbarán. Todos concluyeron en una elección suspendida y denuncias por la mala inclusión de socios para votar por parte del oficialismo. Todo quedó en suspenso, en manos de Personas Jurídicas y el año se fue sin resolverse este delicado tema institucional.

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Sección Editorial

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