Keynes algo sabía de termodinámica

Eduardo Antonelli

Keynes algo sabía de termodinámica

Los economistas, con excepciones, son reluctantes a la asociación de la Economía y la Física. Después de todo, la primera es una ciencia social y la segunda, una de la naturaleza.
Sin embargo, más allá de que nadie pone en discusión que la Física no puede explicarnos porqué a los argentinos nos gusta más la carne vacuna que la de pollo, o porqué los empresarios se orientan a determinadas inversiones y no a otras, tampoco puede negarse que, más allá de nuestras preferencias, está implícito que no podemos satisfacerlas sin dejar de cumplir algunos requisitos, como trabajar para poder comprar lo que nos gusta; un poco más para financiar a los que no lo hacen.
Sin ninguna duda, allí asoma la nariz la Física, y más específicamente, la Termodinámica. ¿Cómo es esto? Cuando hay que producir bienes y servicios, los recursos, trabajo y capital deben contratarse para lograr este cometido, pero es claro que esos recursos no producen todo lo que sería deseable, porque una parte se pierde por distintas razones: diferentes grados de eficiencia, pérdidas varias por roturas, defectos, etc.
En términos de la Termodinámica y en particular, de su primer principio, no toda la energía entrante produce "trabajo'', en el sentido físico, porque una parte se pierde, como se aprecia en las máquinas térmicas, como el motor de un automóvil, en el que no toda la energía química potencial de la nafta se transforma en movimiento hacia las ruedas, porque hay una porción, el calor residual no aprovechable, que consecuentemente se pierde.
Por otra parte, si se emplea más combustible para avanzar a mayor rapidez, el rendimiento del motor es ahora menor, porque las pérdidas crecen más aceleradamente que la rapidez debido a la fricción del suelo, a la resistencia al avance del aire, etc.
Por supuesto, esto los economistas lo conocen muy bien y lo llaman "principio de los rendimientos decrecientes'', que no se debe tanto o solamente a que existan recursos limitantes, como precisamente a esta ley de la Termodinámica que sostiene que nunca el rendimiento es del 100%: siempre existirán pérdidas, que, además, son crecientes.
Ahora bien, que la Economía se conecte con la Termodinámica no significa, obviamente, que la ciencia de la escasez sea solamente un capítulo de la Física. Para nada. La Economía tiene su lugar propio entre las ciencias y se hace ver porque, en tanto los ingenieros, en principio, prestan atención solamente a la parte del "trabajo'' que logran las máquinas térmicas y no les preocupan tanto las pérdidas, los economistas están interesados en establecer cuánto cuesta la totalidad de los recursos que se necesitan para producir, y de nada vale que le digamos al verdulero que le pagaremos solamente el 70% del precio del kilo de papas porque el resto no se aprovecha: él nos contestará que si queremos que nos rinda más el kilo de papas, nos comamos las cáscaras, pero a él hay que pagarle el precio del kilo completo.
¿Pero esto es necesariamente así? ¿No decía Keynes que se puede producir más con los mismos precios? En absoluto. Keynes decía que siempre se puede producir un poco más -excepto en casos límite, como el de una guerra en que ya se está produciendo todo lo posible- y en especial cuando hay una gran depresión que redujo mucho la cantidad de bienes y servicios, pero la mayor producción siempre será a precios crecientes, vale decir, con pérdidas en aumento que hay que cubrir con precios asimismo crecientes -Keynes, además de gran economista, no ignoraba la Física-.
¿No hay entonces una salida?
En realidad sí, ya que lo que acabamos de descubrir nos ayuda a entender porqué en países subdesarrollados los salarios reales, o sea, su poder de compra, son más reducidos que en los desarrollados. La razón es que en estos últimos hay mayor eficiencia porque la Termodinámica nos enseña que el rendimiento siempre es menor al 100%, pero nada impide buscar la forma de elevarlo, si bien nunca llegaremos a ese 100%.
Por lo tanto, si en ambos tipos de países se emplea la misma cantidad de recursos, claramente en los desarrollados el "trabajo'', o sea la producción de bienes y servicios, es mayor y por lo tanto el producto por hombre y el salario real es también más elevado.
La solución, entonces, no es esperar a que los fondos buitre, la masonería, el imperio, el sionismo internacional y otros demonios desaparezcan -y mucho menos, desperdiciar recursos en tratar de lograrlo por nuestros medios- sino aumentar la eficiencia de nuestra economía, produciendo más y mejor, recreando por ejemplo el ferrocarril, mejorando la educación e incrementando nuestra eficiencia en definitiva.

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