El diagnóstico de partida del nuevo turno presidencial que comenzará el 10 de diciembre, ha encendido luces rojas y amarillas en el tablero.
Las advertencias de la agenda son socioeconómicas. El año termina con severos desequilibrios en los frentes fiscal, monetario y externo.
Las preocupaciones se concentran en la elevada tasa de inflación, entre las 10 mayores del mundo, y la multiplicidad de tipos de cambio y cepos.
A esto se agrega el gasto público respecto de recursos tributarios que alcanzaron niveles récord y la caída de reservas de divisas por achicamiento del comercio exterior y el desaliento a buscar trabajo.
Por otra parte, el nivel de las erogaciones ascendió al equivalente a 50% del PBI, en el agregado de los gobiernos nacional, provincial y municipal, el cual se caracteriza por su alta ineficiencia y de oscuridad, que determina un déficit fiscal de 8% del PBI, al que se suma un rojo de 2% del PBI de las cuentas del Banco Central.
Para los analistas ese rojo es el que provoca la escalada de la inflación y la consecuente pérdida de valor del peso porque atiza el fuego de la inflación y las tensiones cambiarias.
Los subsidios
El próximo gobierno deberá replantear el destino, tanto de subsidios económicos, como las tarifas de los servicios públicos, para focalizarlos en los reales necesitados (empresas y familias).
La asignación universal por hijo y por desempleo necesitan incrementarse porque han quedado severamente devaluados por la inflación;
Esperan también en la agenda el costo del endeudamiento, la persistencia del default parcial y la alta inflación determinan un alto cargo de los servicios de la deuda pública, el cual es imperioso bajar más de 9% anual en dólares a menos de la mitad, como pagan los países vecinos, para poder liberar recursos y atenuar el costo del reencuadramiento del resto del gasto público y facilitar la reducción de los impuestos.
El cierre parcial de la economía, por otra parte, contribuyó a impulsar la inflación, por la consecuente tensión cambiaria que surgió con la caída sin freno del superávit comercial y de las reservas. Al tiempo que vedó el acceso al crédito internacional en el mejor momento mundial de la liquidez y bajas tasas de interés.
Hay que resolver el tema del default de fines de 2001 que no se contempló. Hubo una cláusula de acción colectiva en los canjes de 2005 y 2010, porque lo dejó abierto hasta el 100% de los afectados; y luego por el rechazo al fallo e la justicia americana, derivó en el cepo cambiario, control de importaciones y hasta la sustitución de exportaciones.
La próxima administración se encontrará con la necesidad inmediata de resolver distintos problemas de varios frentes.Uno de ellos son el juicio de los holdouts.
Lo que queda también pendiente es el cepo cambiario. Se ha propuesto desarmar las trabas existentes para que los importadores puedan regularizar sus deudas con proveedores del resto del mundo y recuperar líneas de créditos necesarias para el desarrollo.
También se requiere abrir el grifo para el pago de dividendos de las filiales de empresas extranjeras, de modo de incentivar la inversión extranjera directa.
El punto crucial de la agenda pendiente es el régimen cambiario.
El nuevo presidente tendrá que volver a un régimen único y libre, con flotación.
Ese régimen no sólo es una práctica inusual en la mayoría de los países.
El tipo múltiple para el comercio de soja o de automotores; turismo, ahorro, pago de importaciones, contado con liqui, y otros. Estas restricciones demostraron ser fuente de tensiones que derivan en altos costos de subfacturación de exportaciones, sobrefacturación de importaciones, porque habilita mercados paralelos, al tiempo que incentiva la fuga de capitales y subsidia consumos suntuarios.
La brecha cambiaria entre el más alto y el más bajo en torno a 70%, se ha constituido en el nuevo indicador de riesgo país.

¿Reformas en el Central?
El cambio de la Carta Orgánica del Banco Central está apuntada como una de las prioridades del próximo Gobierno.
Los asesores de los candidatos coinciden en que la autoridad monetaria debe recuperar el rol de ser el custodio del valor de la moneda nacional y solo constituirse en prestamista de última instancia en caso de emergencia económica.
La Argentina acumula 15 años en ese estado con el único objetivo de que el Poder Ejecutivo pueda mantener superpoderes para incrementar el gasto público y disponer del financiamiento.
Un punto de partida para que el Central tenga una política ordenada es limitar a casos extremos los adelantos transitorios de pesos al Tesoro.
Una de las herramientas es restringir la capacidad de la emisión de instrumentos de regulación monetaria, como las letras, notas y operaciones a futuro en el mercado de divisas.
Los encajes

La agenda contempla también revitalizar el rol de los encajes bancarios sobre los depósitos, como instrumento de absorción de excedentes monetarios indeseados;
Por su parte, la fijación de las tasas de interés de referencia para el mercado, en función de metas explícitas o implícitas de inflación, será dada por el ritmo de la economía real.
En los planes del Banco Central figura la recuperación del rol que preserva el valor de la moneda.
Los acuerdos bilaterales

La zona del Mercosur y los acuerdos bilaterales junto al comercio exterior se han contraído mucho, más de lo previsible por el cambio de tendencia de los precios de las materias primas.
En el caso de las exportaciones se observa un retroceso de más de 20 años, al concentrarse en productos de bajo valor agregado.
Uno de los aspectos a mejorar es reimpulsar el intercambio, primero con los socios del bloque regional y paralelamente establecer alianzas bilaterales y por bloques.
Se deberá reconquistar mercados perdidos y diversificar la oferta de productos y servicios. Paralelamente, la agenda tiene anotada la recuperación del Indec. Su intervención es una de las tareas centrales que deberá encarar el nuevo Gobierno, y recuperar su carácter autárquico, para contar con estadísticas confiables.


¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial

Comentá esta noticia



Se está leyendo ahora