La aplicación de convenios colectivos

Walter Neil Bühler

La aplicación de convenios colectivos

La empresa se enfrenta con frecuencia a dudas plenamente justificadas sobre cuál será su convenio aplicable, lo mismo le ocurre a los trabajadores, que se preguntan si están correctamente encuadrados en la categoría asignada, de acuerdo a su función.
Las causas de tales dudas pueden ser muy variadas. En ocasiones la actividad de la empresa no encaja literalmente en ningún ámbito de aplicación funcional: o bien ningún convenio describe específicamente la actividad de una compañía o bien surgen nuevas actividades empresariales anteriormente desconocidas o nuevas funciones, generalmente respondiendo a los avances tecnológicos. En otras ocasiones la actividad de la empresa encaja en más de un ámbito funcional.
La ley permite la celebración de convenios "de empresa", lo que sería una solución; pero aunque los autoriza no los promueve, por el contrario: nuestra legislación privilegia los llamados convenios de "actividad", con alcance en todo el territorio nacional y monopolizados por los sindicatos con personería gremial. Por otra parte, rige el criterio de evitar, en cuanto resulte factible, que las relaciones laborales queden sin regulación colectiva y sometidas únicamente a los mínimos derechos que establecen las leyes básicas. En ese sentido un caso excepcional es el de los empleados de estudios jurídicos, que no están protegidos por ningún convenio colectivo.
Los conflictos de encuadramiento convencional son resueltos exclusivamente por los jueces y el empleador es el único responsable ante un incorrecto encuadre. Esto no solo implica que los trabajadores pueden reclamar las diferencias salariales si existieran, sino que el sindicato afectado puede reclamar las respectivas contribuciones. Los reclamos del trabajador se limitan a los dos últimos años, mientras los sindicales pueden extenderse a cinco.
El encuadramiento convencional no debe ser confundido con el encuadramiento sindical, que dirime una cuestión planteada entre dos o más sindicatos que pretenden la representación de un sector de trabajadores e implica una "controversia intersindical de derecho entre dos o más asociaciones, que gira en torno de la capacidad jurídica que emana de sus respectivas personerías y se remite a cotejar las resoluciones que fijan los límites del agrupamiento, en esa suerte de adecuada delimitación llamada "mapa de personerías" .
Hasta hace una década el panorama sindical era una delicia: pajaritos y flores alegraban las tertulias intergremiales. Muy pocos sindicatos cuestionaban a otros la representación sindical o la aplicación de su convenio colectivo. Pero, ante tanta felicidad, el diablo metió la cola. Mejor dicho surgió otro idilio que duró varios años, entre el indestructible secretario general de los camioneros, Hugo Moyano, y el presidente Néstor Kirchner. Dicha alianza le permitió al camionero duplicar el número de sus afiliados, mayormente a expensas de otros gremios. En esa época dorada los sindicatos más amigos (del Gobierno, se entiende) lograban resoluciones favorables del Ministerio de Trabajo en materia de encuadramiento sindical, que significaban también la aplicación del convenio respectivo.
En muchos casos ello implicó abandonar un principio de gran raigambre en nuestro derecho, que privilegia la aplicación de un solo convenio por empresa. La ruptura del dirigente sindical con el kirchnerismo significó una drástica disminución del apoyo del Ministerio de Trabajo a este tipo de reclamos. Pero la semilla de la discordia quedó sembrada. En muchos de estos conflictos el empleador se convierte en el espectador que paga los platos rotos.

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