La decisión de concurrir al Foro Económico de Davos es un gesto político que manifiesta la decisión del presidente Mauricio Macri de entablar relaciones fluidas con los países desarrollados.
Al mismo tiempo, al asistir a ese encuentro acompañado por el líder del Frente Renovador, Sergio Massa, queda a la vista que ambos están dispuestos a "ponerse la camiseta argentina por encima de las ideologías". Cabe señalar que Daniel Scioli, el candidato del Frente para la Victoria derrotado por Macri en noviembre, había declinado esa invitación.
La participación del presidente argentino arroja ya resultados destacables.
En primer lugar, la prensa europea y norteamericana puso de manifiesto las expectativas que sigue despertando la Argentina, a pesar de sus vaivenes diplomáticos y su caprichosa economía. Hubo entusiasmo con el nuevo gobierno de parte de los ejecutivos de las grandes compañías cuyas inversiones son imprescindibles para el desarrollo nacional. A ellos, Macri les prometió "reglas claras y estables, que es lo único que piden".
La reunión con el vicepresidente norteamericano, Joe Biden, produjo efectos inmediatos. La delegación argentina regresó al país con la certeza de que EEUU apoyará a la Argentina en su propósito de reinsertarse en el mercado de capitales y de captar mayores inversiones. Luego, el Tesoro norteamericano levantó el veto que, desde 2011, complicaba al país a la hora de obtener préstamos de los organismos multilaterales. Como añadido, se confirmó la intención de Barack Obama de visitar el país en los próximos meses.
La reunión con el primer ministro británico, David Cameron, tiene un fuerte contenido simbólico. Se trata de la autoridad del país con la que Argentina mantiene el conflicto más difícil y profundo, que involucra a nuestros derechos soberanos, que está teñido de sangre por una guerra reciente y que aparece agravado por el desequilibrio de potencial político, bélico y económico entre ambos países. Pero no hay posibilidad de avanzar hacia la paz y el entendimiento sin un diálogo inteligente entre los líderes.
En los últimos setenta años, en general, nuestro país prescindió de un principio elemental del realismo diplomático que exige priorizar los intereses de la Nación por sobre las inclinaciones ideológicas o los alineamientos circunstanciales, que suelen estar acompañados por el encandilamiento con determinados líderes o tendencias y que habitualmente carecen de una mirada experimentada del mundo.
"Ponerse la celeste y blanca", como dijo Massa en Davos, supone entablar vínculos sin aceptar sometimientos de ninguna naturaleza. La Argentina tiene mucho para ofrecer al mundo y esa es su fortaleza; también es menos poderosa de lo que alguna dirigencia cree, y esa visión distorsionada es su máxima debilidad.
Formular una propuesta a los holdouts o fondos buitre que contemple la conveniencia de ambas partes es una negociación que puede abrir las posibilidades de financiamiento para obras estructurales e inversiones que son imprescindibles para nuestro pueblo.
Modificar las relaciones con el Fondo Monetario Internacional supone recuperar un espacio que nunca debimos resignar. Contrariamente a lo que suele afirmarse, los malos negocios y la deuda inmanejable que alguna vez se planteó con ese organismo no se debió solo al otorgamiento de créditos impagables y al rigor del FMI para exigir condiciones estrictas para acceder al financiamiento, sino también a la tradición argentina de gastar más de lo que se recauda.
Con un déficit superior al 7 por ciento del PBI y una deuda social cada vez más grave y agobiante, nuestro país requiere una solución urgente. Es necesario reactivar la economía, generar empleo genuino en el sector productivo, modernizar la industria, crear infraestructura de transporte y abrir nuevos mercados.
El mundo del siglo XXI comienza a funcionar con nuevos códigos. La pobreza, el deterioro del empleo y la degradación educativa no nos permiten el lujo de seguir empantanados en criterios -y sobre todo, en prejuicios- de un mundo que se extinguió hace más de tres décadas. La ideologización de las relaciones con las potencias es una forma de ceguera diplomática.
Si una nueva mirada prevalece, la presencia argentina en Davos marcará un cambio de rumbo, ahora, en di rección al futuro.

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Sección Editorial

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Anonymous  Salta
Anonymous Salta · Hace 10 meses

Que bueno es saber que nos estamos conectando al mundo, no podemos vivir aislados, pura lógica. Nunca más kaka en mi país.

bagre chuzero
bagre chuzero · Hace 10 meses

Macri...no haces mas que llenar de orgullo a un pais...sos un capo


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