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La asexualidad no tiene por qué ser el destino ineludible del discapacitado
Silvina Liliana Peirano (42), profesora de Educación Especial y orientadora sexual en discapacidad, visitó Salta por primera vez días atrás para ofrecer la disertación "Sexualidad con perspectiva en diversidad funcional", en el marco de la Semana de la Discapacidad. Peirano es creadora de "Mitología de la sexualidad especial" y "SEX Asistent", blogs desarrollados desde Barcelona (España), donde residió durante nueve años. Es miembro de Asociación Argentina de Sexología y Educación Sexual (Asses) y columnista del programa "Desde la vida", que se emite por la TV Pública. Desde sus 20 años de experiencia en el área define: "El sexo de las personas con discapacidad en relación con el resto es como la gran alegoría de la caverna: unos ven la luz y otros las sombras". Resulta sumamente acertado que emplee una de las alegorías más célebres de la historia de la filosofía para describir el tratamiento que recibe la sexualidad asociada a la discapacidad en Argentina. En nuestro país la planificación de muchas instituciones o profesionales se concentra en evitar embarazos o situaciones de abuso sexual. También persiste el prejuicio de que las personas con discapacidad nunca van a tener una pareja. Asimismo Peirano advierte que ellos están acostumbrados a que manipulen sus cuerpos durante las rehabilitaciones, pero no para el placer. Por eso milita para proponer que ante las preguntas, conductas, demandas, necesidades y motivaciones sexuales de las personas con discapacidad no es válido mirar hacia otro lado. Sino que el desafío consiste en restituir el protagonismo a quienes también pueden desempeñar el papel principal en el guión de sus vidas.
¿Por qué la diversidad funcional es un término que define mejor a la discapacidad que "la capacidad especial" o "diferente"?
Viene a conceptualizar justamente que más allá de las capacidades y de la forma en que cada uno hace las cosas, la dignidad de la persona es la misma. Naturalmente cada uno de nosotros funciona de manera distinta y de ahí proviene ese concepto no solo de funcionar distinto sino de la diversidad, de que no se es más o menos válido por lo que podés o no hacer. El criterio que nos une es la equidad, no si somos diferentes o iguales, si tenemos más o menos capacidades.

"La sexualidad de los discapacitados es como cualquier otra, pero condicionada por médicos, padres e instituciones".
Y entonces surge el abordaje de la sexualidad para el "colectivo de personas con discapacidad"...
La sexualidad no es cualquier área de la persona, sino un área fundante y cuando te quitan tu sexualidad, cuando dejan de decirte varón, mujer, niño, niña... sos discapacitado. Cuando decimos los discapacitados apelamos a esa construcción que cada uno de nosotros tiene en las distintas sociedades de aquel ser indefenso, que siempre va a quedar en soledad, que nunca va a acceder a una maduración. "Si bien tienen un cuerpo de adultos tienen una mentalidad infantil", esta es una construcción que como sociedad nos ha interesado sostener. Si sostenemos a seres infantilizados, asexualizados, hacemos girar un gran mecanismo de dependencia, que, en definitiva, es un negocio no solo en la Argentina sino en el mundo. Si tenemos seres independientes que no solo tienen necesidades sino deseos y esto lo vinculamos con la sexualidad, entonces va a haber una revolución muy interesante.
Una revolución que los colocaría en un rol de ciudadano...
Sí, parte de un concepto que es la ciudadanía y desde esa ciudadanía la independencia sexual. Ellos no son niños, no son ángeles, no son demonios. Son personas con las mismas necesidades de cualquiera, pero condicionadas por un constructo social que los limita. La discapacidad en sí misma no te hace más ni menos hábil, ni menos apto para el área sexual y esto me parece que es un cri terio fundante que nos diferen cia de otras posturas. Todos so mos seres sexuales y sexuados, independientemente de cómo ejerzamos esa sexualidad.

¿Que se empiece a problematizar este tema es para celebrar?
Un día como hoy (Día de la Discapacidad) no hay mucho para celebrar. Es un día para reivindicar y no para celebrar. También creo que parte de la sexualidad es militar, ponerle el cuerpo y la garra, salir a la calle y no a pedir, que es un concepto de limosna ancestralmente asociado a la discapacidad. Los derechos son iguales para todas las personas, con o sin discapacidad. Las preposiciones "con" o "sin" han marcado destinos, han sido sentencias, es decir, no era lo mismo la sexualidad de la persona con discapacidad que la que no. Y esto es lo que les hemos hecho creer y hemos aprendido con ellos y con ellas.
¿Cómo se aborda la sexualidad según las distintas discapacidades?
La diversidad no está dada específicamente por la patología porque eso es lo que nos han enseñado: la discapacidad del ciego, del sordo, del mudo, del paralítico. Cuando quitás la patología como centro y ponés en su lugar el deseo, empezamos a ver que no son paralíticos, sino personas con parálisis cerebral. La personalidad tampoco está dada por la patología. Cuando decimos que todos los síndrome de Down son cariñosos les quitamos subjetividad, que también es eso la sexualidad: subjetividad y se considera que la persona con discapacidad no tienen criterio propio, decisión ni empoderamiento.
Si la sociedad "valida" los derechos sexuales para las personas con discapacidad, también debe existir planificación de parte de instituciones o profesionales. ¿Qué propuesta se puede ofrecer?
El sex system, que es un espacio desde el que trabajamos y propiciamos la figura del asistente sexual. La propuesta es que una mujer o un varón acompañen sexualmente a una persona con discapacidad. Hace más de 20 o 30 años que esto se da en varios países de Europa. El asistente sexual necesita una capacitación previa y por eso estamos empezando a trabajar con la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (Ammar). Las trabajadoras sexuales son las que han cumplido históricamente con ese trabajo que nadie ha querido hacer. Esto existe, no por la discapacidad en sí, sino porque hay personas que por su condición son discriminadas y que libremente no pueden tener una pareja.
"Es tener 40 años y tal vez no haber accedido, ya no a una relación coital o genital, sino a un beso o caricia, a salir con una chica o un chico".
¿Y cómo es el servicio?
Las posibilidades que ofrece este servicio son varias, adecuadas a la necesidad de cada persona o pareja; desde colocar un preservativo, ayudar en la preparación para un encuentro sexual o erótico de la pareja, ofrecer el servicio sexual o afectivo de uno o una asistente o sustituto sexual, realizar traslados a hoteles adaptados, etc.
Aunque sin regulación del trabajo sexual autónomo sería impensable, por ejemplo, la subvención de asistentes sexuales por parte del Estado o este mismo servicio reconocido por obras sociales...
En toda Latinoamérica hay familias que simplemente llevan a sus niños discapacitados con una prostituta. No es una situación ideal; pero sí una de las únicas alternativas de relación. Pero la sexualidad de una persona con síndrome de Down o con autismo tal vez no pase por ir a debutar, sino que necesitan otras cosas, como todos necesitamos distintas cosas. Hay que respetar no solo los derechos de las personas con discapacidad, sino también de las trabajadoras de la sexualidad y de los asistentes sexuales. Que haya un encuentro genuino y, sobre todo, entre dos personas, que no haya de por medio médicos ni asesoramiento. Las personas con discapacidad saben lo que quieren, el tema es que no tienen dónde. Entonces es una propuesta no para todas las personas con discapacidad sino para aquellas que lo deseen. ¿Para siempre? No, en algún momento. Son instancias y acuerdos que existen para las demás personas, entonces por qué no para los discapacitados. No es la solución, ni la garantía, pero sí una de las opciones viables.

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