El esparcimiento de la Astrología fue impulsado por los escolares judíos que vivían en tierras cristianas, ya que la consideraban como una parte necesaria para los estudios cabalísticos y talmúdicos.
El celebrado poema didáctico "Imago Mundi", escrito por Gauthier de Metz en 1245, tiene un capítulo completo sobre Astrología. Pierre d'Ailly, el notorio teólogo y astrónomo francés, escribió varios tratados sobre el tema.
La importancia pública de la Astrología creció a la par que los desórdenes internos de la Iglesia aumentaron y declinaba el poder imperial y papal. Hacia el final de la Edad Media casi todos los príncipes, así como cada regente de importancia, tenía su astrólogo de la corte. Personas como Angelo Catto, el astrólogo de Luis XI de Francia. El renacimiento de la enseñanza clásica trajo un segundo período de prosperidad para la Astrología.
Hacia el final del siglo XII los florentinos emplearon a Guido Bonatti como su astrólogo oficial. Emperadores y papas se volvieron devotos de la Astrología, los emperadores Carlos IV y V, y los papas Sixto IV, Julio II, León X, y Pablo III.
Entre los celosos patrones de la ciencia estuvieron los Medici. Catalina de Medici hizo la Astrología popular en Francia. Erigió un observatorio astrológico para ella cerca de París, y su astrólogo de la corte fue el famoso médico Michel de Notredame (Nostradamus) que publicó en 1555 su trabajo principal sobre Astrología.
Nostradamus que publicó en 1555 su trabajo principal sobre Astrología fue el astrólogo de Catalina de Médici.
Los tres centros intelectuales de Astrología en el período más brillante del Renacimiento fueron Boloña, Milán, y Mantua. El trabajo de J.A. Campanus, publicado en Roma en 1495, y con frecuencia comentado, "Oratio initio studii Perugiae habita" muestra una clara luz en la falta de comprensión mostrada por los Padres de la Iglesia en su actitud hacia el fatalismo pagano.
Entre otras cosas se dice aquí: "Quanquam Augustinus, sanctissimus ille vir quidem ac doctissimus, sed fortassis ad fidem religionemque propensior, negat quicquam vel mali astrorum necessitate contingere".
Aun el progreso victorioso del sistema de Copérnico no pudo destruir la confianza en la Astrología. Los más grandes astrónomos estuvieron aún obligados a asignarle su tiempo a hacer predicciones astrológicas en las cortes por bien a la ganancia; Tycho Brahe hizo cálculos para el emperador Rodolfo II, y el mismo Kepler, el más distinguido astrónomo de la época, fue astrólogo de la corte imperial.
En el mismo período se escribieron tratados astrológicos por el más célebre de los astrólogos ingleses, William Lilly de Diseworth, Leicestershire, quien recibió una pensión de 100 libras del Consejo de Estado de Cromwell. Entre sus trabajos estaba uno frecuentemente publicado, "Astrología Cristiana".
El último astrólogo de importancia en el continente europeo fue Jean-Baptiste Morin, que hizo la "Astrología Galica" en 1661.

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