A poco que alguien comience a profundizar sus investigaciones en las culturas antiguas encontrará que existe un hilo conductor en la cosmogénesis de todas ellas y que está muy relacionado a la Astrología como ciencia exacta y no como la pseudociencia a la que la quieren degradar en la actualidad numerosos científicos estudiosos de la Astronomía.
De hecho, en las llamadas culturas "solares" o "serpentinas" hay hechos o principios culturales y religiosos que están muy emparentados entre sí, por lo que podría fácilmente decirse que tienen un origen común y un relato apenas acomodado a las circunstancia de cada pueblo en particular.
Veamos. Dioses, o grandes maestros, como Buda, Krishna. Confuccio, Jesús, Zoroastro tienen muchas cosas en común.
Por ejemplo, se dice que todos nacieron un 25 de diciembre y que una estrella en el cielo marcó su nacimiento; que reyes o magos venidos de Oriente buscaban a ese niño para adorarle y que algún rey pagano lo mandó buscar también, pero para asesinarlo.
De hecho en culturas tan distintas, y alejadas para aquella época, como la china, la india, y la judeo cristiana el relato se repite de manera asombrosa.
La razón para esto es astrológica. Según explican escuelas esotéricas como la Teosofía y el Gnosticismo lo que sucede es que cada 25 de diciembre se produce un hecho cósmico en el Hemisferio Norte (inicio del invierno), que culmina siempre alrededor de tres meses después con otro hecho igual de importante y que, según nuestra tradición actual, aunque no se diga ni se enseñe, está emparentado con las celebraciones de la Pascua (inicio de la primavera en el norte).
El inicio del invierno se produce, por cierto, exactamente nueve meses después del acontecimiento, en el que se recuerda las Pascuas, o sea que indican un eterno morir y renacer, o sea alegoriza el ciclo de la vida misma.
Lo interesante de todo esto es que culturas tan disímiles como la judeo cristiana y la azteca conmemoren las mismas fechas y sus dioses, tanto Jesús, el Cristo, como Quetzacóatl, el Cristo mexicano, tengan historias y relatos tan similares.
Ambos logran la cristificación luego de intensos e inmensos sacrificios y padecimientos voluntarios, lo que indica que el camino de la iniciación no es un lecho de rosas.
Pero ambos logran llegar al punto cúlmine de encarnar la fuerza Cristo. Por lo demás, si lo lograron diferentes hombres a lo largo de la historia de la humanidad, no es raro de suponer, y aceptar, que cualquiera que se proponga recorrer el mismo camino llegue al mismo destino.
Sobre estos aspectos hay estudios, de verdaderos iniciados, en todas las escuelas esotéricas serias que existen en la actualidad y que pregonan los mismos tres factores que pregonaba Zoroastro en la Persia antigua: Recto pensar, recto sentir, recto actuar; o morir a los defectos, nacer a la virtudes y sacrificarse por la humanidad.

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rosanna bello
rosanna bello · Hace 7 meses

negar la influencia de los astros es negar parte de la naturaleza misma. Por supuesto que no se debe considerar la misma como parte dominante en la vida de las personas pero sí influyente. De conjunciones, no sé; pero de la Luna y del Sol es notable el poderoso influjo que ejerce sobre todo el planeta


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