Los discursos políticos en nuestro país ingresaron en un terreno compartido de euforia y desaliento, alimentados desde el Gobierno nacional con triunfos de carácter externo, pero claramente confrontados con el mensaje de los gremios y la oposición (reducida hoy a los estratos más ortodoxos del kirchnerismo) que ven derrotas consecutivas en la lucha contra la inflación y las tarifas.
La semana que se inicia marcará el cuarto mes de gobierno de Mauricio Macri, obsesionado con la reapertura de los mercados internacionales, la llegada de capitales y préstamos del exterior para oxigenar la macroeconomía interna, aunque la dura realidad de la crisis en el país se vive más crudamente en los sectores vulnerables.
Pero existe una delgada línea de responsabilidades sobre la economía y los gobiernos provinciales parecen haber delegado en Macri todo el peso político de las medidas que son solo el comienzo en el plan para equilibrar las cuentas.
El respaldo de la mayoría de los mandatarios se congeló tras los últimos coletazos fuertes de la crisis y ningún gobernador salió con tanto esmero a apoyar las medidas como en un principio. En este campo el gremialismo y el kirchnerismo comenzaron a ganar espacio.
Este razonamiento se cumple invariablemente en el caso de Salta. El gobernador Juan Manuel Urtubey manifestó desde un comienzo su más enérgico respaldo a Macri, desde los acuerdos con los holdouts hasta el plan de reinversión, pero ahora aparece un poco más cauto.
Urtubey asumió las responsabilidades de la dirigencia en general sobre la grave crisis, no criticó a Cristina y astutamente tampoco habló de la herencia recibida porque se sabe parte, pero admitió que el país está muy mal y que la provincia tendrá serios problemas. Fácil.
Desde allí su discurso se fue transformando sutilmente hasta desembocar en el mensaje del viernes pasado ante la Legislatura salteña que tuvo como destinatario al gobierno nacional. "Se necesitan menos anuncios grandilocuentes y más soluciones concretas para el norte del país" expresó el mandatario ante la Asamblea. Como para que no queden dudas del destinatario, esos mismos conceptos los repitió frente a periodistas porteños que fueron invitados especialmente para la ocasión.
“Se necesitan menos anuncios grandilocuentes y más soluciones concretas para el norte del país”. Urtubey sigue más interesado en las repercusiones nacionales de su discurso que en mostrar gestión
Pero ¿cual es entonces el mensaje de Urtubey para la provincia? Evidentemente ninguno. Sigue más interesado en las repercusiones nacionales de su discurso que en mostrar una gestión real para los salteños.
Lo intendentes captaron muy bien la idea; aseguran que en los primeros envíos de los fondos nacionales de este año ya percibieron una rebaja del 50 por ciento, lo que los deja sin posibilidades de avanzar con la obra pública, más desempleo y la necesidad irremediable de incrementar los impuestos. Solo alcanza para pagar los sueldos
La Provincia se manifestó en esa misma línea: tuvo que recurrir a un descubierto de 500 millones para cumplir con el pago de haberes. Ninguna autoridad local, en estas circunstancias, está en condiciones de seguir financiando el desempleo y el responsable sigue siendo el Gobierno nacional.
Otros elementos surgidos en las últimas horas completan este panorama, donde la crisis pasa por dos eslabones y deja expectantes y sin mayores responsabilidades a los actores intermedios de las provincias.
La detención de Ricardo Jaime, el ex secretario de Transporte de la Nación muestra la vulnerabilidad en las filas del kirchnerismo. Jaime es un emblema de un sistema de servicios públicos seriamente cuestionado, mano derecha de Néstor, Cristina y Julio de Vido, es decir el núcleo duro y más sospechado del kirchnerismo, donde también se cuenta a Cristobal López y Lázaro Baez, hoy confrontados en un nuevo escenario donde aparecen sin el amparo del poder.
En el medio del escenario está el PJ que debe elegir presidente y, aunque lo intente, la lista de unidad no sale a flote, o mejor dicho no hay nadie que pueda encabezarla.
Esta indefinición dentro del justicialismo le hace perder objetivos y le resta chances de meterse plenamente en la discusión de las políticas nacionales. Resulta pragmático analizar que si el macrismo fracasa, el PJ no podría ni siquiera argumentar los motivos de ese fracaso. Están demasiado ocupados en su crisis interna y este descalabro le da un poco de oxigeno a Macri que no logra aquietar las aguas del reclamo gremial, recientemente encaminado hacia una unificación. Todo termina, o continua, en un círculo que repite las mismas instancias y actores.
El kirchnerismo está en vías de extinción; el PJ no tiene líder. El macrismo no muestra alternativa y su opción es endeudarse o el ajuste para salir de la crisis, aunque el problema son los plazos y el creciente reclamo de los sectores más afectados por los incrementos de precios.
En este escenario tan convulsionado Urtubey saca a relucir nuevamente sus armas. Las balas pasan cerca de todos, aunque él parece estar ubicado en una envidiable posición de observador, lejos de cualquier riesgo o responsabilidad, aunque a la provincia la maneja el gobernador y no el presidente.

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