La cátedra la dieron los chicos

Yolanda Sángari

La cátedra la dieron los chicos

En la primera semana de abril fui invitada por el Consejo Federal del Folclore de Argentina, a través de su representante en Salta, el director nacional José de Guardia de Ponté, a participar de la organización de las jornadas interprovinciales de "Ética y cultura en la juventud de hoy".
Pensando en mi rol docente con adolescentes y jóvenes, decidí participar pero con grandes interrogantes de por medio. ¿Qué conceptos manejan nuestros adolescentes y jóvenes acerca de la ética? ¿Cómo conjugan los jóvenes de hoy con la ética y la cultura? ¿Cuáles serán sus expectativas en cuanto a la sociedad actual en donde los valores escasean? ¿Sería posible crear el ámbito propicio para debatir acerca de la ética, la moral y todo lo que atañe a ellas en un mundo convulsionado precisamente por los disvalores?
Grande fue mi sorpresa al ver el desenvolvimiento de los grupos participantes. Radicalmente diferentes por cuestiones culturales, geográficas y hasta por los contextos socioeconómicos a los que pertenecen, sin embargo esas mismas diferencias dieron paso a la toma de conciencia de realidades en donde se entrecruzaran la "teoría y la práctica" de los valores, "pero que se unen para ser una sola ética, con un mismo fin".
"La ética pertenece a la vida cotidiana, está presente en cada una de nuestras actividades, es decir se incorpora a la aventura humana de vivir y forma parte de las sorpresas e incertidumbres de quienes la mal o bieninterpretan en la realidad de nuestra sociedad".
Esa realidad atraviesa el mundo de lo político, de lo económico, de lo profesional, el mundo del trabajo y en este caso en particular, según los manifestaron los jóvenes, de los docentes, los alumnos, de cada actor de las instituciones educativas y de las propias familias.
Con gran madurez fueron puestos sobre la mesa de debate los temas apremiantes en la sociedad actual:
La ausencia de las familias.
La violencia dentro y fuera de las instituciones educativas
La negación de las autoridades a aceptar los conflictos que aquejan a los establecimientos y su alumnado.
El doble discurso vigente en los diferentes ámbitos.
Las cifras alarmantes de pobreza en nuestro país, ocultados tras falsas estadísticas o distorsión de los índices que la miden.
La necesidad de arbitrar los recursos disponibles para mostrarla, analizarla y tratar de paliarla, cuando no, trabajar para erradicarla, más allá de las prácticas solidarias.
El ocultamiento de las cifras de los suicidios de numerosos jóvenes acaecidos en nuestra provincia y en el resto del país.
Fue un bálsamo esperanzador y refrescante saber que podemos apostar al futuro de la mano y el pensamiento de las nuevas generaciones. Quedaron para ser atesoradas en las alforjas de la vida, pensamientos y palabras que fuimos intercambiando durante el encuentro.
¿Cuáles son los factores que destruyen al ser humano?
Para escucharlos responder con convicción:
La política sin principios, el placer sin compromiso, la riqueza sin trabajo, la sabiduría sin carácter, los negocios sin moral, la ciencia sin humanidad y la oración sin caridad.
En suma quedó la propuesta de una ética de la responsabilidad, una ética para el desarrollo de los pueblos, aquella de la lucha, no de unos contra otros, sino de todos juntos para todos.

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