Con una serie de actividades inclusivas para toda la comunidad, Aguaray celebró ayer el 105§ aniversario de su fecha fundacional.
El desfile cívico militar marcó el cierre de las celebraciones que se iniciaron la semana pasada. Un festival del que participaron artistas locales marcó el comienzo de los festejos de esta localidad, primer asentamiento poblacional criollo que se registró en el norte salteño. Su urbanización fue producto del tránsito comercial entre vendedores argentinos y bolivianos que llevaban animales en pie y mercaderías de todo tipo hacia el país vecino y, al mismo tiempo, las carretas retornaban con cargamentos de las minas de Potosí.
De esa forma Aguaray, Campo Durán y poblaciones al pie de las serranías del oeste, fueron los pasos obligados de los viajeros.
Con el paso de los años, precarias viviendas de madera o ladrillos de barro fueron ocupando los predios que hoy conforman la localidad. Pocas referencias se tienen de los parajes más alejados, como Acambuco, ubicado a unos 70 kilómetros entre las serranías, pero los investigadores de la región que bucean en las raíces de los pueblos de frontera infieren que sus habitantes llegaron también en forma espontánea desde Bolivia con el que el bellísimo valle comparte geografía. Todos ellos se establecieron en un lugar que para nada estaba deshabitado: los grupos originarios chané ya residían desde un par de siglos atrás en las faldas de los cerros y también hacia el este, a la vera del río Caraparí.

La fecha fundacional
Fue en el año 1997 cuando un grupo de docentes de la localidad, inquietos porque Aguaray no tenía establecida su fecha de fundación, decidieron realizar un trabajo investigativo y determinar la fecha en la que se centrarían los actos institucionales de su pueblo.
Con ese objetivo conformaron una comisión a la que denominaron Aguada del Zorro (aguara-í, en lengua chané). Las investigaciones, los documentos históricos encontrados tanto en Salta como en Bolivia, los testimonios recogidos de los ancianos y de los parajes que conforman el municipio sumado a algunas fotografías, conformaron también una obra literaria.
De esa manera, tras el análisis de los datos recogidos y el debate sobre lo más conveniente, decidieron tomar el día en que se habilitó el primer pozo petrolero del lugar, es decir el 16 de agosto de 1911, y así se determinó la fecha de fundación de esta comunidad norteña, ubicada a 400 kilómetros al norte de la capital de la provincia.

La presencia franciscana

La congregación de sacerdotes de la orden fue esencial en la zona. Si hay un paraje con características ancestrales llamativas, ese es Tuyunti. Es la comunidad del pueblo originario que se ubica hacia el oeste de Aguaray y, junto con Campo Durán, fue el primer asentamiento poblacional chané de esta parte de la Argentina. Este grupo indígena llegó hace varios siglos desde Centroamérica y seguramente por la bondad del clima y del suelo se arraigaron allí. En realidad, vivían justo al pie de ese cerro majestuoso y al costado de la quebrada Iquirá (agua con aceite, en lengua chané), donde aún quedan algunos altares de adoración a los dioses, pero que sobre todo es el lugar de siembra de este pueblo agricultor, totalmente aferrado a la tierra.

Según consigna el escritor Vázner Castilla en su obra "Tuyunti", en la década de 1920 los frailes franciscanos misioneros de Tartagal solían llegar a Aguaray a celebrar algunos oficios religiosos a la sombra de un algarrobo o en la vivienda de alguna familia católica.
"El 10 de diciembre, el padre Angélico Scipioni llega a Aguaray con el propósito de levantar una capillita y regresa el 10 de enero, después de haber cumplido su misión", cuenta en un tramo de su libro. En otro párrafo explica que "la mañana del 25 de junio de 1946, el padre Félix Bluxiaferri se entrevistó con el cacique Achareí, quien ya casi centenario le agradeció a Tumpa (Dios) por haberle concedido el beneplácito de ver cumplida su esperanza (de contar con una capilla y una escuela)".
La primera matrícula fue de 74 niños y su maestro fue el docente boliviano Antonio Fernández. Se creó así la escuela 165 San Miguel Arcángel, cuyo primer director fue otro franciscano, Fray Marino Capelleti.

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