"No me siento diferente ni me creo superior a mis hermanos". Contundente en su expresión, Cebino Simplicio, el cacique de 21 años de la comunidad aborigen El Crespín, se define a sí mismo y a la tarea que le tocó encarar, tras la muerte de su padre. Es el líder aborigen más joven de la provincia y probablemente del país.
Fue nombrado por su padre, un septuagenario que, viéndose anciano y enfermo, lo designó cacique de esa comunidad wichi, ubicada a 5 kilómetros al este de Tartagal y en la que residen unas 20 familias.
"Soy el menor de la familia Simplicio de entre 9 hermanos. Mi padre murió a los 76 años en 2013 y se llamaba Cebino, como yo. Él fue quien decidió y me designó cacique de El Crespín cuando recién había cumplido los 18", recuerda este joven que cursa el tercer año del polimodal en un anexo de la escuela "Mariano Echazú" de Tartagal.
Desde hace algunos años y junto a dos de sus hermanos, Cebino conduce un programa de radio para difundir la cultura de su pueblo. De hecho, es en la misma comunidad donde realizan una serie de actividades que revalorizan la cultura indígena durante el mes de abril . "Para nosotros y las comunidades vecinas era importante que, tanto aborígenes como criollos, nos uniéramos a celebrar el día del aborigen americano. Esta vez fue muy importante y esperamos que cada año se haga más grande, porque es una forma de darle valor a nuestros pueblos ancestrales y a nuestra historia", explica.
El mayor anhelo, la tierra
Cebino no sabe cuáles fueron los motivos que llevaron a su padre a ungirlo como cacique siendo un adolescente, pero como es propio en su idiosincrasia, nunca le cuestionó y ni siquiera le preguntó las razones por las que, aún con hermanos mucho mayores, se decidiera por el menor de la familia. "Una noche me llamó, me dio la mano y me dijo que yo iba a ser el cacique; nada más", recuerda.
Como la mayoría de las comunidades aborígenes ubicadas a la vera de la ruta nacional 86, en El Crespín las familias viven en una tierra que no les pertenece. "Mi gran anhelo es que algún día podamos ser dueños de nuestra tierra para que no nos suceda lo que ocurre siempre: que quien tiene los papeles de propiedad la destine para otra cosa y tengamos que desalojar el lugar y asentarnos en otro, que tampoco es nuestro. Eso es lo único que me gustaría; hacer las gestiones para que seamos dueños de nuestra propia tierra".
El silencio es cómplice
"El principal cómplice es el silencio". Así titularon Cebino y su hermano mayor, Enrique, al libro que editaron en 2013 en lengua wichi. Ese trabajo les llevó un par de años hasta que lograron lo que para estos humildes jóvenes aborígenes era un verdadero sueño. El año pasado, ese trabajo les abrió las puertas de la Feria del Libro en Buenos Aires y tomaron contacto con gente de las letras del país y el exterior. El 19 de abril último organizaron una celebración que, ellos aseguran, permanecerá en el tiempo. Es la fiesta del Indio Americano que, pese a la gran cantidad de originarios de diferentes etnias, era una fecha prácticamente olvidada.
Por eso el título del libro de los hermanos Simplicio no hace más que reflejar lo que las nuevas generaciones wichis quieren lograr: que no haya más silencio en torno al modo de vida, cómo sienten, piensan y reflexionan sobre su propia cosmovisión las comunidades originarias en el norte.

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