La crisis europea es una manifestación de los cambios del mundo

La crisis europea es una manifestación de los cambios del mundo

El resultado del referéndum en Gran Bretaña conmueve al mundo por la sorpresa, ya que se esperaba un triunfo de la permanencia de ese país en la Unión Europea, y por lo imprevisible de las potenciales consecuencias de esta fractura.
El primer balance es que si la retirada se concreta, todo indica que así será, resultará difícil que pueda sobrevivir la alianza de todos los países europeos, puesta en marcha luego de tres décadas de guerras que costaron cientos de millones de muertos. También quedan comprometidos sus objetivos: asegurar la paz y el desarrollo del Viejo Continente, y garantizarle un peso decisivo en el escenario político mundial que se construyó a partir de 1945.
Algunos analistas comienzan a comparar el triunfo del Brexit con la implosión soviética, simbolizada en la caída del muro de Berlín, a fines de la década de 1980.
La renuncia del primer ministro David Cameron es un síntoma del fracaso de quien había convocado al referéndum convencido de que fortalecería su posición frente a los sectores separatistas de su partido conservador.
La única posibilidad -teórica- de un cambio de rumbo radica en que se convoque a un nuevo referéndum. Sin embargo, nadie toma en cuenta esta alternativa, por ahora.
El presidente de Francia, François Hollande, formuló un llamado dramático: "La historia llama a nuestra puerta. Lo que está en juego es la disolución de Europa: un peligro inmenso frente a los populismos y los extremismos".
Europa sabe, por experiencia en carne propia, que la paz no depende tanto de las ideologías como de las relaciones de poder político, económico y militar.
Gran Bretaña es la quinta economía y una de las principales potencias militares del mundo. La escisión debilitaría a la Europa continental y también al Reino Unido frente a las pretensiones hegemónicas de Rusia y China.
La preocupación de los defensores de la Unión Europea contrasta con el entusiasmo de los populismos euroescépticos que proliferan no solo en las islas británicas sino en Francia, Italia, Austria y el resto del continente. El escenario futuro podría ser el de un mapa de países encerrados en fronteras infranqueables.
Los analistas advierten que Europa debe analizar desde otro horizonte las inquietudes de los ciudadanos que se sienten relegados. También, comienzan los cuestionamientos al referéndum como un instrumento adecuado, ya que transfiere a la ciudadanía la decisión sobre cuestiones muy complejas, de enorme proyección histórica.
El resultado del referéndum británico es muy ajustado: 52 a 48%. Solo votó el 72% de los empadronados. La ciudad de Londres, Escocia e Irlanda del Norte se pronunciaron a favor de la permanencia. El análisis cualitativo de la elección indica que el euroescepticismo prevalece entre los mayores de 50 años, la población rural y los sectores periféricos. También, que hubo mucho más ausentismo entre los jóvenes que entre los mayores.
Gran Bretaña quedó fracturada y existe la posibilidad de que Escocia trate de independizarse del Reino Unido para seguir en Europa.
Tres factores parecen haber sido decisivos en el ánimo de los votantes separatistas. Uno es el rechazo a los inmigrantes, a los que se asocia con el desempleo y la amenaza terrorista. A esto se suma la recesión económica de Europa, que ya lleva cuatro años. En ese contexto, aflora la añoranza de tiempos, quizá idealizados, en los que las decisiones se tomaban en Londres, sin condicionamientos ni consultas a otros gobiernos ni a instituciones supranacionales.
Por encima de las valoraciones económicas y políticas, el triunfo del "Brexit" es el síntoma de un mundo que está cambiando, y mucho. Junto con el atentado terrorista que destruyó las Torres Gemelas, son los acontecimientos icónicos del primer tramo del siglo XXI.
Las turbulencias económicas se sentirán de inmediato en la Argentina, pero lo que está en juego va mucho más allá de la estabilidad de los mercados. Es el orden mundial lo que se está modificando y cada decisión que tome nuestro país deberá ajustarse, como nunca, a nuestros intereses y a los límites, estrechos, de nuestra influencia en el concierto de las naciones.

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